La vacuna Feijóo frente al escándalo de Sánchez

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo en el Congreso
En política, el estilo es el fondo.
Hay dirigentes cuya personalidad política es la tensión permanente. Pedro Sánchez es un buen ejemplo. Otros intentan ejercer su liderazgo desde la serenidad. No es solo una cuestión de carácter. Es una forma de entender el poder.
Alberto Núñez Feijóo ha optado por un camino poco estridente. No vive del sobresalto ni del titular inmediato. Aunque sepa hacerlo, no convierte cada discrepancia en una batalla definitiva. Habla de economía, de competitividad, de reformas administrativas. Tiene programa. Insiste en los presupuestos, en la estabilidad, en la previsibilidad.
A algunos, quizá, puede parecerles poco espectacular. Pero, una sociedad fatigada como la española exactamente es lo que necesita. Este es un país donde la anormalidad política, por desgracia, es habitual.
España atraviesa una etapa de ruido constante. Declaraciones incendiarias, conflictos interminables, tensión institucional. Escándalos diarios que tapan el anterior. En ese contexto, la moderación deja de ser tibieza y empieza a ser la gran apuesta. Se hace centralidad.
Feijóo no se presenta como salvador ni como agitador. Es un líder dispuesto a gestionar. Y eso define a quien confía más en el método que en el titular o los golpes de efecto. Vivir en La Moncloa para ser eficaz.
Eso no le exime de desafíos. Debe consolidar su espacio, administrar equilibrios complejos, personalísimos, y demostrar que la alternativa no es solo electoral, sino gubernamental. Pero el tono importa. Vaya si importa.
Porque nuestro país, cansado de tanta adrenalina, desea estabilidad.
Y en política, a veces, lo verdaderamente transformador no es gritar más. Bajar la voz es la mejor forma de que te escuchen.
En tiempos de crispación, la normalidad puede ser la mayor audacia. Y Feijóo es audaz en sus maneras.
Y cuando la política se convierte en espectáculo, a veces del peor gusto, el que insiste en que lo importante es gobernar para grandes mayorías empieza a parecer una excepción. Bienvenida esa excepción.
A.M. BEAUMONT