editorial
Los papeles del 23F son un bluf: refuerzan al Rey Juan Carlos y a Sánchez le sale el tiro por la culata

El teniente coronel de la Guardia Civil, Antonio Tejero, accede al Congreso de los Diputados durante la segunda votación de investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como presidente del Gobierno.
Los documentos desclasificados sobre el golpe de Estado del 23F han resultado ser un verdadero fiasco para quienes esperaban salpicar la figura del Rey emérito. Lejos de revelar conspiraciones ocultas, estos archivos confirman de manera rotunda que Don Juan Carlos estuvo en todo momento contra la asonada y al lado de la Constitución. El relato de que salvó la democracia se ve reforzado, desmontando décadas de especulaciones y ríos de tinta vertidos sobre su posible implicación o conocimiento previo.
Uno de los papeles más reveladores es un manuscrito anónimo que analiza los errores de los golpistas. En él se lamenta que el fracaso se debió a “dejar al Borbón libre y tratar con él como si fuese un caballero”. Esta frase, atribuida a simpatizantes de la intentona, implica que subestimaron al Rey, quien no fue controlado y actuó decisivamente para abortar el golpe. Otros documentos, como transcripciones de conversaciones y notas de inteligencia, no aportan ni una sola prueba de connivencia real; al contrario, destacan su rechazo explícito a los sublevados. Tras 45 años de rumores, todo queda desmontado: Juan Carlos I emerge como el baluarte de la Transición.
Si Pedro Sánchez, como parece inferirse de esta iniciativa en plena efeméride, buscaba dañar la imagen del emérito para distraer de sus propios escándalos, la estrategia le ha salido por la culata. En lugar de erosionarla, ha afianzado su credibilidad, devolviéndole un halo de héroe tras los episodios que precipitaron su abdicación en Felipe VI y su exilio en Abu Dabi. Sánchez predica transparencia sobre eventos de hace casi medio siglo, pero los españoles exigen claridad sobre el presente: los vuelos del Falcon a República Dominicana, la noche de Delcy Rodríguez en Barajas, las negociaciones del PSOE con el prófugo Puigdemont o los pactos con Bildu. Esta desclasificación no es más que un bluf propagandístico que, paradójicamente, fortalece a quien pretendía debilitar y expone la hipocresía del actual Ejecutivo.
En un momento en que la democracia enfrenta nuevos desafíos, recordar el 23F debería unirnos en defensa de la Constitución, no servir de arma arrojadiza. Sánchez, una vez más, ha calculado mal.