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Generación Bad Bunny

Bad Bunny, en una imagen de archivo

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Hoy no ganaré demasiados afectos entre los lectores más jóvenes, pero me voy a quitar un espinita que tengo clavada desde hace tiempo a cuenta de Benito Antonio Martínez Ocasio, más conocido como Bad Bunny. Al que, por supuesto, no conozco de nada, y le deseo lo mejor en su vida personal.

Como cantante me parece malo de solemnidad. Malo hasta decir basta. Malo como pegarle a un padre… Podría seguir con las comparaciones, pero creo que ya se entiende y tampoco sorprenderá en exceso a los de la ‘generación X’ hacia atrás.

Dirán que entramos en el terreno de los gustos personales y argumentarán que en las expresiones artísticas como la música prevalece el subjetivismo. Puede que sí, o puede que no. Pero, como dijo Antonio Machado, la verdad es la verdad la diga Agamenón o su porquero. Y lo que hay que hacer es buscar una posición y justificarla con argumentos racionales. Intentaré explicar mi posición con argumentos técnicos.

En primer lugar, empecemos con la estructura armónica de sus temas. La mayoría del reguetón ‘mainstream’ se basa en progresiones en bucle de dos a cuatro acordes, tonos armónicos repetitivos, o con mínimas variaciones. Si comparamos su complejidad con la del jazz o el rock, por ejemplo, donde las modulaciones y los acordes son extendidos, o las sustituciones tritonales son indudablemente más complejas, se puede afirmar que el reguetón tiene un desarrollo armónico y estructural mucho más básico que otros estilos musicales.

La música, como cualquier expresión creativa, se crea con un objetivo, una finalidad. En música clásica, la armonía es un organismo dinámico. Se utilizan modulaciones, tensiones de cuarta y séptima, y progresiones que van contando una historia de conflicto hasta su resolución. ¿Qué el reguetón tenga solo dos o cuatro acordes es malo?, no necesariamente, pero sí la hace más simple de producir. Un producto más facilón, menos elaborado.

Si nos preguntáramos desde la técnica narrativa si es más sencillo escribir El Quijote o un artículo en la hoja parroquial de nuestro barrio ni siquiera tendríamos que respondernos porque la respuesta es evidente. Pues lo mismo pasa si hacemos la comparativa, por ejemplo, entre componer musicalmente una obra casi operística en el rock moderno como Bohemian Rapsody, frente a otra como Dákiti, de Bad B. Comparen las partituras.

En cuanto a los ritmos empleados (sí, ya sé que nuestro amigo Benito Antonio tiene un par de canciones de salsa en su último disco, pero quedémonos con el grueso de su discografía) su reguetón se basa en el dembow, un ritmo dominicano que emplea patrones básicos altamente repetitivos (casi siempre 3+3+2). Para que se hagan una imagen mental, un ruido algo parecido a bombo – silencio – caja – bombo – caja… y así una y otra vez. Todo suena igual. Rara vez recurre a la polirritmia elaborada, a cambios métricos o a variaciones estructurales más profundas. En términos de riqueza rítmica, tampoco hay discusión: el reguetón es bastante más limitado que, por ejemplo, la salsa, ni qué decir del flamenco, que recurre a compases irregulares de 12 tiempos. Cualquiera que componga música lo sabe.

Sigamos desmenuzando desde lo estrictamente musical: las melodías. Los reguetoneros, incluido Bad Bunny, usa líneas melódicas cortas, con poco rango vocal. Recurre en exceso al ‘autotune’ como recurso, y el problema no es el ‘autotune’ en sí mismo, que también se usa en el pop, sino que éste sustituye el desarrollo de las melodías por texturas sonoras planas. Esto desencadena en frases repetitivas, ganchos simplones y una escasa evolución temática en sus canciones.

Mismas estructuras

Respecto a la estructura de las canciones, el reguetón casi siempre tiene una forma muy básica, basada en repetición: intro – verso – coro – verso – coro – outro; mientras géneros como el pop o el rock tienen un desarrollo formal más rico y variado: intro – estrofa – pre-coro – estrofa – coro – estrofa – puente – outro, que sube o baja en intensidad, dependiendo del tipo de canción.

Voy ahora con otro argumento puramente físico: el rango dinámico. Mientras, por ejemplo, en la música clásica existe el ‘pianissimo’ (casi silencio) o el ‘fortissimo’ (explosión sonora), el compositor suele jugar con el volumen de una manera abrupta, persiguiendo una emoción en el público, en el trap o el reguetón no hay matices sonoros, es un muro de sonido plano, constante de principio a fin.

En cuanto a la profundidad de las letras también resultan evidentes las diferencias. La música debe destacar no solo por escribir rimas, sino por contar historias. Evocar emociones a través de palabras o transmitir un relato que conecte con el público. Entendiendo que volvemos a pisar el terreno del dichoso subjetivismo, tampoco creo que sea muy discutible aceptar que es más probable sorprenderse con el mensaje de una canción de John Lennon, Paul Simon, o del maestro Joaquín Sabina, que con la mejor letra que jamás pueda escribir Bad Bunny, autor de la genial estrofa: Si te lo meto no me llame’ / que esto no e’ pa’ que me ame, eh / Si tu novio no te mama el culo / Pa’ eso que no mame. Puro manierismo. Poesía excelsa.

[Esto sí es subjetivo. Si se trata de hablar de amores, yo me quedo con la sutileza de cualquier canción de James Blunt, o la desgarradora despedida de Freddie Mercury al amor de su vida, Mary Austin, en la incomparable ‘Love of my life’].

Regresando al plano objetivo, pero llevándolo al esfuerzo en la construcción intelectual. A Axl Rose le llevó ocho años escribir ‘November rain’, mientras que el ‘Tití me preguntó’ de Bad Bunny la podría escribir cualquiera de mis hijas adolescentes en media hora. Es un vocabulario limitado, donde se repiten semánticamente las estructuras y tiene una narrativa básica. El foco de sus letras se reducen a sexo, exaltación del estatus social, fiesta o drogas.

Vamos con la coordinación instrumental. Un grupo de pop o rock puede incluir entre 8-12 instrumentos distintos sobre un escenario. Una orquesta sinfónica internacional de primer nivel entre 18 y 25 instrumentos diferentes para un concierto… Bad Bunny solo necesita un sintetizador. Óptimo sí es. ¿Eso quiere decir que es peor lo que salga de ello? No sé, quizás, eso intento argumentar. ¿Eso quiere decir que es más simple? Sí, seguro. Indiscutible.

Letras ramplonas

En resumen, Bad Bunny apenas canta, no se le entiende buena parte de sus estrofas (no solo por no vocalizar o emitir ruidos oo-ooo, eee-eee, sino porque las letras son inconexas desde lo sintáctico). Tampoco baila. Su música es una sucesión de pistas y ritmos de sintetizadores básicos: sin guitarra, sin bajo, sin piano, sin saxo, sin trompeta. Las letras son ramplonas… ¿Qué le ven entonces? Les juro que he hecho el esfuerzo de escucharlo detenidamente muchas veces, pero me cuesta no sentirme mal conmigo mismo absorbiendo su música. Una sensación parecida de remordimiento a cuando me como tres donuts en una tarde.

Hubo un tiempo en el que la batería sonaba al ritmo de genios como Phil Collins o John Bonham, Ni que hablar del piano de Elton John o Billy Joel, el saxo de Clarence Clemons; las guitarras de Mark Knopfler, Eddie Van Halen, B.B. King, Santana o Paco de Lucía, la armónica de Bob Dylan… el rock de Elvis, Springsteen, Scorpions, Guns N’ Roses, REM o Nirvana; el pop de Madonna, Michael Jackson, Mecano, Coldplay, Oasis… muchos, muchísimos grandes que me dejo de los últimos 70 años. Te podrían gustar unos más que otros, pero eran artistas que hacían su música con un sentido. Cada nota, cada tono tenía una intencionalidad, una armonía exacta que le diera estética, belleza y emoción a su necesidad de expresarse mediante música.

Con esto tampoco quiero caer en el simplismo falaz de que la música de antes es mejor que la actual. No es eso. Cada época tiene su música, y pertenece a los jóvenes porque está hecha por jóvenes. Y siempre se ha compuesto música buena, mala y regular. Ha habido de todo en cada época. En la actualidad también hay grupos buenos, no crean que todo es mediocridad reguetonera.

Creo que la gran diferencia de ahora con antes es que antes los artistas malos, normalmente, no duraban mucho tiempo. El mercado los iba sacando. Y, sobre todo, a los malos no les premiaban con Grammys. La propia industria es la que valida hoy la mediocridad. Así es muy difícil.

Dicho todo lo anterior, la siguiente pregunta es obligada: ¿Cómo la música de Bad Bunny, tan básica y precaria, puede ser la más escuchada en el mundo? ¿Por qué si es tan malo tiene tanto éxito entre los jóvenes? Cuando hablo con ellos sobre esto, muchos incluso me reconocen que su música sí es básica y las letras ordinarias. Pero no les importa porque todos concuerdan en que es un ARTISTAZO. Casi todos admiran de él su aurea de estrella global, su ‘flow’ (¿?) y que lleve la cultura latina y el idioma español por todo el mundo (llamar idioma español a eso sería otro tema a discutir, pero tampoco quiero meterme en todos los charcos).

Cultura de la precarización

Creo que su éxito se debe a un conjunto de causas. Una de ellas, la principal, la pobreza intelectual de nuestras sociedades gracias a la precarización de la educación desde primaria. Al bajo nivel de exigencia que tienen nuestros jóvenes en los colegios y universidades, al facilismo, o a la pobreza cultural que transmiten los medios de comunicación. Lo otro, y no menos importante, a la inmediatez. Desde que entraron en nuestras vidas las redes sociales, la superficialidad nos está llevando a una terrible involución estética y cultural. Es una consecuencia lógica de la poca exigencia del público. Se produce tanta expresión artística, y de una manera tan rápida, que ya no es posible consumirla toda. Los artistas tampoco producen cosas tan elaboradas porque todo es de usar y tirar.

Esto no solo se refleja en la música. Evalúen si no que se está haciendo en televisión, o en las artes plásticas: escultura y pintura. O recurro a otra de mis aficiones, el cine. ¿Qué clase de películas llegan a nuestras salas cada semana y ni que decir de las que se pasan directamente a las plataformas? Cuesta ir a cine y ver algo decente. Es bien difícil encontrarse con una obra maestra, cuando en los años 90’s se estrenaban casi todas las semanas. Los invito a que hagan la prueba y busquen por Google ‘buenas películas de los años 90’s’. Van a alucinar la cantidad de títulos, auténticos clásicos, imprescindibles en la historia. Solo en un año, 1998, se estrenaron Salvar al soldado Ryan, Shakespeare in Love, American History X, El Show de Truman, El Gran Lebowski, Algo pasa con Mary o La delgada línea roja, entre otras… La comparación es odiosa con la actualidad, incluso con las películas que ganan el Oscar. Nuevamente, la validación de las academias, es lo que más daño hacen a las industrias. Anteponen vender a la calidad.

Academias culpables

Ni que hablar de la literatura: ¿Cómo ha evolucionado la industria de los libros? ¿Quiénes son los autores que más venden? Los famosos que salen por YouTube e Instagram, o algún clásico reciclado por alguna plataforma. Que en España se premie a David Uclés o a Juan del Val es un claro signo de decadencia intelectual de la élite, que debería estar a otra cosa y marcar el paso. Es exactamente lo mismo a que le den el Grammy al mejor álbum del año a Bad Bunny (y ojo que suma 24 entre latinos y anglosajones). Otra evidencia más de que se ha bajado el listón varios peldaños.

No es por tomarla con el bueno de Benito Antonio Martínez Ocasio, reitero, desde lo personal me alegro de que le vaya tan bien. Es simplemente poner de manifiesto que atravesamos una yerma creativa, reflejo de una sociedad que se oscurece lentamente, que exige muy poco a sus élites, sobre todo a sus políticos, pero también le compra cualquier cosa a sus intelectuales y artistas.

Lo peor no es que Bad Bunny tenga miles de millones de descargas o que llene estadios con 100.000 personas. Lo más deprimente es que sea el ícono contemporáneo. Su influencia en estilo de vida, moda o lenguaje. Que los jóvenes lo vean como el referente a seguir. Porque si estos son los referentes ya no saldremos del pozo.

Malos tiempos para el buen gusto y la estética.

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