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Sánchez y Zapatero dan vergüenza: dos líderes socialistas en el lado incorrecto de la historia

El socialista invoca el respeto al derecho internacional en favor de Irán, el régimen de los ayatolás se lo agradece públicamente y millones de españoles nos abochornamos de nuestro presidente del Gobierno

Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, en una imagen del pasado mes de abril.

Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero, en una imagen del pasado mes de abril.Europa Press

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Pedro Sánchez y José Luis Rodríguez Zapatero han certificado en las últimas horas que son una auténtica desgracia para España. El presidente del Gobierno, en su afán por liderar una desquiciada corriente anti Trump, se ha pasado de frenada, poniendo a España en una situación complicada ante los ojos de sus aliados, del mundo civilizado.

Además de quedarse solo en las críticas al ataque de Estados Unidos e Israel a Irán, ha negado el apoyo logístico a los norteamericanos en las bases de Rota y Morón, lo que ha obligado a la primera potencia mundial a trasladar sus aviones cisterna a otros países en plena ofensiva. Una postura de Sánchez bañada en moralina barata y sectarismo cutre que no va a salirle gratis a nuestro país. Lo veremos. "Ahora no es el momento de dar sermones a nuestros socios y aliados", decía el canciller alemán Merz en clara alusión a Sánchez hace unas horas. Y con razón. EEUU es aliado histórico de España y, aún suponiendo que se hubieran equivocado en el ataque, hay que estar a su lado en un momento crítico y decisivo. No al lado de Irán.

El socialista invoca el respeto al derecho internacional en favor de Irán, el régimen de los ayatolás se lo agradece públicamente y millones de españoles nos abochornamos de nuestro presidente del Gobierno. Cabe preguntarse en qué momento ha invocado Sánchez el derecho internacional durante la represión del régimen teocrático musulmán contra la última rebelión interna que fue reprimida a costa de un baño de sangre que se cifra en decenas de miles de civiles iraníes asesinados por el Gobierno por el hecho de protestar. Ahí no se acordó el presidente del derecho internacional.

Y por si fuera poco, su padre político, el expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero ha dado una lección de indignidad en el Senado. Acorralado por el magistral interrogatorio del senador del PP Fernando Martínez Maíllo que le llevó contra las cuerdas, dejando a las claras que la empresa de su amigo detenido, Julio Martínez, era lo que parecía, una empresa pantalla para simular unos trabajos que justificaran 600.000 euros pagados a Zapatero y a sus hijas.

Zapatero reconoció 58 viajes a Venezuela y miles de horas de trabajo allí por amor al arte, según dijo. Se vanaglorió de haber liberado a decenas de presos políticos al mismo tiempo que reconocía su amistad con Delcy Rodríguez y, en menor medida, de Maduro, los carceleros. Algo no encaja. No se puede ser amigo del carcelero mientras se trabaja para liberar a los presos políticos. No se puede hablar de presos políticos sin reconocer que el chavismo es una dictadura.

Este lunes Sánchez y Zapatero, Zapatero y Sánchez han avergonzado a millones de españoles. Es evidente que ni un uno ni otro están en el lado correcto de la historia sino todo lo contrario, están en la acera de enfrente.

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