editorial

Sánchez, aprendiz de tirano: desprecia al Parlamento y suelta su propaganda sin preguntas

Declaración institucional, sin periodistas y, por supuesto, sin preguntas. Cuatro palabras: “No a la guerra”. Propaganda pura, sin contraste, sin debate, sin rendir cuentas

Pedro Sánchez comparece en Moncloa para valorar el ataque de EEUU a Irán

Creado:

Actualizado:

Pedro Sánchez ya lo advirtió con claridad meridiana. El 7 de septiembre de 2024, en el Comité Federal del PSOE, el presidente del Gobierno proclamó que gobernaría “con o sin el concurso del Parlamento”. Lo dijo sin rubor, leyéndolo de su discurso preparado, y lo está cumpliendo al pie de la letra.

Ayer mismo, 4 de marzo de 2026, ante la gravísima amenaza de Donald Trump de imponer un embargo comercial a España por negarse a ceder las bases de Rota y Morón en la escalada bélica contra Irán, Sánchez compareció en La Moncloa. Declaración institucional, sin periodistas y, por supuesto, sin preguntas. Cuatro palabras: “No a la guerra”. Propaganda pura, sin contraste, sin debate, sin rendir cuentas. Un tema de Estado que afecta a la economía, a la seguridad nacional y a nuestras relaciones con el principal aliado de Occidente resuelto con un monólogo desde el salón de columnas. Así despacha Sánchez las crisis que él mismo provoca.

Porque el Congreso de los Diputados, donde perdió hace meses la mayoría de la investidura, ya le estorba. Y el Senado, con mayoría absoluta del PP, ni existe para él. Le da la espalda al Parlamento soberano y gobierna por decreto. Exactamente como hizo en enero con la regularización masiva de, al menos, 500.000 inmigrantes irregulares: un real decreto que ni siquiera necesita convalidación en el Congreso. Otra decisión de calado demográfico y social tomada a espaldas de los representantes del pueblo.

Igual de elocuente es su negativa a comparecer en el hemiciclo para explicar su “No a la guerra” infantil y ridículo. Prefiere soltar el eslogan desde Moncloa antes que contrastar su postura con la oposición en sede parlamentaria. No quiere debate, quiere aplauso acrítico. No quiere control, quiere obediencia.

Esto no es gobernar en minoría. Es gobernar contra la democracia representativa. Sánchez ha convertido el “con o sin el concurso del Parlamento” en doctrina oficial. Desprecia las Cortes, evade el escrutinio y utiliza las instituciones como altavoz de su propaganda. Los tintes autoritarios ya no son un riesgo: son una realidad. Y España lo está pagando caro.