la mirilla
Sánchez tapa el fracturado 8M con la pancarta de “No a la guerra”

Pedro Sánchez
Pedro Sánchez ha decidido recuperar una pancarta vieja: el “No a la guerra”.
La consigna funcionó hace veinte años. Hoy es un eslogan gastado que el presidente intenta reutilizar para polarizar con el PP y salir en titulares fotografiado en frente de Trump. Oportunismo pacifista.
Además, el problema es el momento elegido. Justo en la semana del 8 de marzo.
Mientras el Gobierno volvía a desempolvar la política del slogan, Alberto Núñez Feijóo se reunía con activistas por los derechos de las mujeres que saben bien lo que significa perder la libertad: iraníes que se enfrentan a un régimen teocrático y cubanas que denuncian la represión de una dictadura. Ese contraste explica mucho.
Porque el feminismo que nació para defender a las mujeres ha terminado atrapado en una guerra ideológica promovida por la propia izquierda. Y la ley Trans es el ejemplo más evidente.
Una norma que borra la categoría jurídica de mujer, que permite cambiar de sexo registral por mera voluntad y que ha abierto situaciones absurdas: agresores que pueden acabar en cárceles femeninas o hombres que entran en espacios reservados para mujeres como los vestuarios.
Y, encima, en lugar de corregir esos errores, el Gobierno lo ha convertido en bandera. Feijóo promete poner fin a tal sin sentido.
El feminismo español llega al 8M dividido en varias manifestaciones enfrentadas entre sí. Una fractura que no existía cuando la causa era sencilla: igualdad ante la ley y protección frente a la violencia.
Hoy la discusión ya no es esa. La izquierda discute contra sí misma. Y mientras el Gobierno intenta volver a la pancarta de hace veinte años, el movimiento que decía representar llega a su día más simbólico completamente fracturado.
La política tiene estas ironías. Quien quiso apropiarse del feminismo ha terminado por su torpeza rompiéndolo.
A.M. BEAUMONT