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La gran contradicción de VOX: sí al PP en Madrid, no en Extremadura

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, saluda al presidente de VOX, Santiago Abascal,

El presidente del PP, Alberto Núñez Feijóo, saluda al presidente de VOX, Santiago Abascal,A. Perez Meca / Europa Press

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Santiago Abascal insiste una y otra vez en exigir a Alberto Núñez Feijóo que presente una moción de censura contra Pedro Sánchez. Vox, según el líder ultraderechista, la apoyaría sin condiciones, sin pedir ministerios ni cargos a cambio. El objetivo, repite, es prioritario: desalojar a Sánchez y erradicar el sanchismo de una vez por todas. En un momento de crisis internacional, con Sánchez acusado de disfrazarse de pacifista mientras oculta corrupciones, la propuesta parece un gesto de altura patriótica. ¿Quién podría oponerse a acabar con un gobierno que, a juicio de Vox, está hundiendo España?

Pero esta aparente generosidad se desmorona al contrastarla con la realidad parlamentaria y con la actitud de Vox en otros escenarios. Abascal sabe perfectamente que esa moción de censura está abocada al fracaso: el bloque de derechas no suma los votos necesarios en el Congreso. Ni con la abstención de otros grupos se alcanzaría la mayoría absoluta requerida. Da la impresión, por tanto, de que detrás de esa exigencia repetida hay un cálculo más oscuro: forzar al PP a un gesto simbólico que termine en derrota estrepitosa, retratando a Feijóo como incapaz o tibio, y debilitando así su liderazgo. Vox ganaría rédito electoral entre los votantes desencantados del PP, erosionando al principal partido de la oposición mientras se presenta como el único verdaderamente combativo.

Esta estrategia se ve aún más clara en Extremadura. Allí, Vox ha tumbado ya dos veces la investidura de María Guardiola, candidata del PP, pese a que el centro-derecha ganó con holgura las elecciones autonómicas. En lugar de facilitar un gobierno alternativo al PSOE, Vox bloquea el acuerdo y empuja hacia la repetición electoral, con plazo hasta mayo. Aunque el PSOE sufrió sus peores resultados históricos en la región, un nuevo comicio podría darle oxígeno para reflotar, quizás con pactos de izquierda. Si en el plano nacional lo urgente es acabar con Sánchez “a cualquier precio”, ¿por qué en Extremadura se prioriza el rédito propio de Vox, arriesgando fortalecer al enemigo común?

La doble vara de medir es evidente: en lo nacional, una moción condenada al fracaso para desgastar al PP; en lo autonómico, el bloqueo para maximizar escaños futuros. Pura estrategia electoral disfrazada de principios. Si Abascal quiere credibilidad como alternativa patriota, debería aplicar el mismo criterio en todas partes: el interés de España por encima del partido. De lo contrario, su discurso no es coherente, sino oportunista. Y eso, al final, solo beneficia a Sánchez.

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