la mirilla
Sánchez exporta la corrupción

Pedro Sánchez tras presidir junto a su homólogo portugués, Luis Montenegro, la ceremonia de firma de acuerdos de la XXXVI Cumbre hispano-portuguesa.
La corrupción tiene muchas formas. Una de las más inquietantes es cuando deja de ser un problema casero y empieza a proyectarse fuera del país. Y eso es lo que empieza a ocurrir con el escándalo de Plus Ultra.
El Departamento del Tesoro de Estados Unidos ha identificado una transferencia de la aerolínea española dentro de una red financiera vinculada al lavado de dinero procedente de la corrupción venezolana. Cuando los informes empiezan a salir desde Washington, el asunto deja de ser una polémica política interna. Se convierte en algo mucho más serio. Todo huele muy mal desde hace tiempo.
En 2021 el Gobierno de Pedro Sánchez decidió rescatar con 53 millones de euros de dinero público a una aerolínea minúscula, con un peso irrelevante en el tráfico aéreo español. La decisión ya fue entonces difícil de explicar. Hoy resulta aún más turbia.
La Audiencia Nacional investiga si parte de ese rescate pudo acabar conectado con una red internacional de blanqueo vinculada al entorno del régimen venezolano.
Y, en medio de ese escenario, aparece una figura conocida: José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente ha reconocido su relación de asesoramiento con la compañía, aunque niega haber tenido nada que ver con el rescate. Sin embargo, investigaciones periodísticas han revelado pagos de sociedades relacionadas con el caso por cientos de miles de euros. Nada concluyente todavía, dirán algunos. Puede ser. Aunque Zapatero es el perejil de todas las salsas grises.
Pero el problema político no está solo en lo que se pueda demostrar en un juzgado. Está en el paisaje que rodea a este poder. Siempre la misma atmósfera: intermediarios, operaciones difíciles de explicar, relaciones con regímenes sin democracia y silencio oficial cuando aparecen las preguntas.
España ha tenido corrupción antes. Demasiadas veces. Insoportable, sin duda. Si bien lo que empieza a dibujarse ahora es algo distinto: una corrupción que ya no se queda dentro de nuestras fronteras, sino que conecta con redes financieras internacionales. Curioso que Sánchez sea presidente de la Internacional Socialista.
Ademas, cuando el nombre de un país empieza a aparecer en informes sobre blanqueo ligados a dictaduras, el daño no es solo político. Es reputacional.
Pedro Sánchez ha internacionalizado muchas cosas desde que llegó al poder. Ahora corre el riesgo de haber internacionalizado también la peste a corrupción.
A.M. BEAUMONT