El Rey se equivoca: España debe estar orgullosa de lo que hizo en América
El Rey Felipe VI en el Congreso de los Diputados
En una reciente intervención, el Rey Felipe VI ha reconocido que durante la conquista de América hubo “mucho abuso” y “controversias morales y éticas”, añadiendo que algunos hechos, juzgados con los valores de hoy, no pueden hacernos sentir orgullosos. Estas palabras, pronunciadas en un contexto diplomático, han abierto un debate innecesario y, sobre todo, injusto para la historia de España. Con el debido respeto a la Corona, el monarca se equivoca al ceder terreno a quienes alimentan una leyenda negra que lleva siglos distorsionando nuestra aportación al mundo.
España no debe complacer a quienes, por razones ideológicas o políticas, engrandecen mitos falsos sobre nuestra presencia en América. La realidad histórica es clara: España fue ejemplar en el descubrimiento y conquista del Nuevo Mundo, muy por encima del comportamiento de otros imperios europeos. Mientras Bélgica perpetraba horrores sistemáticos en el Congo o Inglaterra practicaba la explotación despiadada en India y África, España llevó una misión civilizadora: evangelizar, educar y fundar instituciones permanentes.
Universidades como la de Santo Domingo (1538) o la de México (1551) son prueba de ello. Nos mezclamos con los pueblos indígenas, dando origen a un mestizaje que enriqueció ambas orillas del Atlántico. Las Leyes de Indias, promulgadas por los Reyes Católicos y sus sucesores, fueron revolucionarias para la época: protegían los derechos de los nativos, prohibían su esclavitud y establecían normas de justicia que ningún otro imperio colonial contempló.
España no tiene nada de lo que avergonzarse y sí mucho de lo que enorgullecerse. Los abusos que pudieron cometerse —porque en toda empresa humana los hubo— nunca fueron política de Estado ni se cometieron en nombre de España, sino contra las leyes dictadas por la Corona. Esa es la diferencia esencial: mientras otros países avalaban el genocidio y la explotación como sistema, España legisla para limitarlos y castigar a los culpables cuando fue posible. Por eso el Rey no debió referirse a abusos cometidos por España, pues esa expresión alimenta narrativas que nos convierten en villanos de una historia que no nos corresponde.
Dejamos en América sangre, talento, universidades, ciudades enteras, catedrales admirables, el idioma de Cervantes, una cultura viva y tradiciones compartidas. Pero también nos trajimos de allí conocimientos, alimentos esenciales —maíz, tomate, patata— y un legado cultural que nos transformó. Existe un cordón umbilical que nos une como hermanos, no como enemigos. Y si hubo abusos individuales, fueron cometidos por antepasados españoles de los mismos hispanoamericanos que hoy pueblan ese continente.
Reivindiquemos sin complejos nuestra historia común. España y América forman una familia. Es hora de celebrarlo con orgullo, sin sombras inventadas ni concesiones a la distorsión.