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Pedro Sánchez ni a tiros es capaz de ganar unas elecciones

En Valladolid, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cierra la campaña del PSOE junto al candidato, Carlos Martínez.

En Valladolid, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, cierra la campaña del PSOE junto al candidato, Carlos Martínez.Rubén Ortega / Europa Press

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Al igual que ya ocurrió en Extremadura y Aragón, las elecciones de Castilla y León han concluido con una aplastante victoria de la derecha y una derrota sin paliativos de la izquierda, todo lo cual no hace otra cosa que aclarar el escenario político que se dibuja en España en el momento actual. No obstante, detrás de esta foto fija se encuentran diversas circunstancias cuyo análisis puede ayudarnos a entender el presente y, sobre todo, a vislumbrar el horizonte de posibilidades que se abre de cara a las próximas elecciones generales.

Así, los resultados electorales señalan que el PP no solo ha seguido siendo el partido político más votado por los castellanoleoneses, sino que tras cuatro años de gobierno ha visto reforzada su posición al crecer tanto en porcentaje de votos como en escaños, lo cual evidencia las bondades de una acción de gobierno basada no en al desarrollo de políticas de pancarta y pandereta, sino en la búsqueda de soluciones a los problemas reales que afectan a la ciudadanía. Obviamente, la concatenación de victorias electorales en el ámbito regional anticipan una más que probable victoria de Alberto Núñez Feijóo en las próximas elecciones generales, situando al PP, con independencia de que obtenga o no la mayoría absoluta, como la formación llamada a liderar un futuro Gobierno de centroderecha.

(Foto de ARCHIVO)
El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo (i), y el presidente de la Junta y candidato a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco (d), durante un acto de campaña, a 28 de febrero de 2026, en Ávila, Castilla León (España). Las elecciones a las Cortes de Castilla y León de 2026, convocadas por el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco (PP), dentro de los plazos previstos por el Estatuto de Autonomía, se celebrarán el 15 de marzo de 2026 para elegir a los 82 procuradores que compondrán el parlamento autonómico.

Rafael Bastante / Europa Press
28 FEBRERO 2026 ELECCIONES AUTONÓMICAS;PARTIDO POLÍTICO
28/2/2026

(Foto de ARCHIVO) El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo (i), y el presidente de la Junta y candidato a la reelección, Alfonso Fernández Mañueco (d), durante un acto de campaña, a 28 de febrero de 2026, en Ávila, Castilla León (España). Las elecciones a las Cortes de Castilla y León de 2026, convocadas por el presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco (PP), dentro de los plazos previstos por el Estatuto de Autonomía, se celebrarán el 15 de marzo de 2026 para elegir a los 82 procuradores que compondrán el parlamento autonómico. Rafael Bastante / Europa Press 28 FEBRERO 2026 ELECCIONES AUTONÓMICAS;PARTIDO POLÍTICO 28/2/2026Europa Press

Por lo que respecta a Vox sus resultados pueden considerarse satisfactorios, ya que, siguiendo en la misma línea de las últimas convocatorias electorales, también ha subido tanto en porcentaje de votos como en escaños, lo cual indica que su ascenso electoral no es flor de un día, sino que responde a la consolidación de un discurso caracterizado por la firme determinación de acabar con la deriva sanchista. Sin embargo, hay una cierta sensación en la opinión pública de que Vox no ha sido capaz de cumplir con sus expectativas, las cuales se cifraban en alcanzar el 20% de los votos. 

Probablemente el punto porcentual que le ha faltado a la formación verde para redondear la faena se deba, por un lado, a las tensiones internas, con purgas incluidas, que últimamente se vienen sucediendo dentro del partido proyectando una imagen un tanto desasosegante del mismo y, por otro lado, a un cierto rechazo de una parte de su electorado natural a las continuas trabas impuestas por Santiago Abascal a la hora llegar a acuerdos de gobierno con el PP, ya que ello se percibe como una situación de bloqueo político que impide la consolidación del centroderecha como una alternativa de Gobierno estable en el ámbito regional y por extensión a nivel nacional.

En cuanto al PSOE, a pesar de haber fracasado en su intento no ya de tener opciones de gobernar sino también de superar al PP, sus líderes parecen darse por satisfechos debido a su crecimiento en porcentaje de votos y escaños, lo cual demuestra el desierto electoral que desde hace tiempo viene recorriendo el partido socialista, debido fundamentalmente a la nefasta acción de gobierno llevada a cabo por Pedro Sánchez. A tan derrotista planteamiento debe sumarse el hecho de que el exiguo aumento en porcentaje de votos (0,7%) se debe esencialmente al estrepitoso fracaso tanto de IU como de Podemos, ya que ambos partidos han sido incapaces de lograr un solo escaño por no haber alcanzado el exigido 5% de los votos. 

En la raíz de esta situación se halla el hecho de que el PSOE desde la llegada de P. Sánchez al poder se ha ido radicalizando, de tal forma que prácticamente ha dejado sin espacio a las formaciones políticas tradicionalmente situadas a su izquierda dentro del espectro político. En consecuencia, se ha dado una situación en la que no han sido pocos los votantes de izquierdas que han optado por el voto útil con la esperanza de desbancar a la derecha. En cualquier caso, llama y mucho la atención el hecho de que pese a la impresionante corrupción y absoluta ineficacia del Gobierno socialista todavía haya un 30% del electorado que siga votando al psicópata monclovita, lo cual indica que el suelo electoral del PSOE sigue siendo un soporte difícil de romper a la baja debido a la cerril fidelidad de sus votantes.

A la luz de todo lo expuesto resulta evidente que el pueblo español desea de forma mayoritaria un cambio de rumbo político que de por finalizada la oscura etapa que representa el régimen sanchista. Para que ello ocurra resulta imprescindible el que el PP y Vox alcancen acuerdos de Gobierno, respetando el expreso deseo de los votantes de ambos partidos políticos. En aras de concretar dicha situación resulta evidente que ambas formaciones deben solucionar sus diferencias y poner en valor todo aquello que los une, para de esta forma establecer un programa de Gobierno que, partiendo de la fuerza otorgada en las urnas a cada uno de ellos, sea capaz de aunar sensibilidades y ofrecer una alternativa estructurada, sólida y coherente al sanchismo. 

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, saluda al presidente de VOX, Santiago Abascal, a su salida de un pleno en el Congreso.

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo, saluda al presidente de VOX, Santiago Abascal, a su salida de un pleno en el Congreso.A. Perez Meca / Europa Press

Para avanzar en esta línea de actuación parece llegado el momento de que el PP sea razonablemente receptivo con no pocas de las ideas fuerza defendidas por Vox y que Vox, a su vez, abandone definitivamente las verdes praderas de la juventud y se adentre en el escarpado territorio de la madurez. En consecuencia, resulta imprescindible que, abandonando protagonismos estériles, tanto Núñez Feijóo como Santiago Abascal acepten el hecho de que para que las relaciones entre diferentes sean satisfactorias deben partir del principio jurídico romano que consagra el “do ut des”, es decir, el pacto como instrumento de cooperación beneficiosa para todas las partes intervinientes en las negociaciones.

Este acuerdo programático debería contemplar como mínimo la revocación de las políticas woke, la descolonización de las Instituciones del Estado, la disminución de la presión fiscal, la ayuda al campo español, la facilitación del acceso de los jóvenes a la vivienda, la lucha contra el fenómeno de la inmigración ilegal, la restauración del Estado de Derecho, y la defensa de la unidad nacional frente a las exigencias independentistas, tareas todas ellas que ni el PP ni Vox deberían negarse a implementar si realmente pretenden formar un Gobierno de coalición cuyos esfuerzos estén comprometidos con la reversión de la lamentable situación en la que actualmente se encuentra sumida la nación española por mor de una maquiavélica conjunción de intereses entre socialistas, comunistas e independentistas.

Para terminar esta disertación baste señalar que, en estos oscuros tiempos en los que el mundo está inmerso en una cruenta guerra, obscenamente utilizada por la izquierda para movilizar a sus bases, P. Sánchez representa la viva imagen de la derrota, ya que ni a tiros es capaz de ganar unas elecciones.

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