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Editorial

Mónica García amenaza a Ayuso: la obsesión de una ministra negligente

Mónica García e Isabel Díaz Ayuso

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En un nuevo episodio de autoritarismo disfrazado de gestión, la ministra de Sanidad, Mónica García, ha cruzado todas las líneas rojas. Durante su comparecencia en la Comisión de Sanidad del Congreso este martes, amenazó directamente a Isabel Díaz Ayuso con inhabilitarla si la Comunidad de Madrid no crea el registro de objetores de conciencia al aborto. Invocó el artículo 410 del Código Penal para advertir de multas y posibles inhabilitaciones a cargos públicos que no acaten órdenes judiciales. Es decir, García no discute, no persuade: amenaza con apartar del cargo a la presidenta más votada de España.

Esta no es una disputa técnica sobre listas de espera o MIR. Es la obsesión personal de una ministra que, desde que llegó al cargo, ha acumulado un historial de negligencia alarmante. Huelgas de médicos sin resolver, retrasos vergonzosos en el examen MIR y una reforma del Estatuto Marco que ha enfurecido al colectivo sanitario. Mientras los españoles esperan meses para una operación o una consulta, García dedica su energía a imponer una “lista negra” de médicos que se niegan a participar en abortos por convicciones éticas. Una herramienta que Ayuso denuncia, con razón, como una vulneración flagrante de la libertad de conciencia que consagra la Constitución.

Madrid ha recurrido la resolución del TSJM y mantiene que no convertirá a sus profesionales en sospechosos por ejercer un derecho fundamental. Pero a García eso le da igual. Su prioridad no es garantizar el acceso al aborto donde sea necesario —algo que ya ocurre— sino humillar y doblegar a la única comunidad que se atreve a plantar cara al dogma progresista. Esta fijación enfermiza con Ayuso no es nueva: ya lo intentó con sanciones en octubre de 2025 y vuelve a la carga ahora con la artillería penal.

El mensaje es claro: quien no se someta a la agenda ideológica del Gobierno de Sánchez y sus socios será perseguido. Y esto lo hace un Gobierno que negocia con un prófugo de la justicia como Carles Puigdemont y le concede una amnistía inconstitucional. Ojalá la mitad de dureza tan solo del Ejecutivo con el líder de Junts fugado que con la presidenta de la Comunidad de Madrid. A los ojos de Mónica García es evidente que Ayuso merece mayor reproche y castigo que el líder que proclamó la independencia unilateral de Cataluña. Una ministra incapaz de arreglar la sanidad española se dedica a inhabilitar políticamente a quien sí la gestiona con eficacia y libertad. Los madrileños y todos los españoles que defienden la Constitución y el Estado de Derecho tienen hoy una prueba más de hasta dónde llega la intolerancia del sanchismo. Ayuso no está sola. Y esta amenaza dice mucho más de la debilidad de García que de la fortaleza de la presidenta.

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