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Sánchez, mano larga de los ayatolás

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro SánchezEuropa Press

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Los últimos misiles de largo alcance de Irán han mostrado hasta dónde puede llegar el régimen teocrático.

París, Berlín, Roma, Madrid, Lisboa. Europa está a su alcance. No son juegos florales. Es la dura realidad a la que nos enfrentamos.

Y ante esa evidencia surge una pregunta inconveniente en un mundo políticamente correcto: ¿qué vamos a hacer?

¿Mirar hacia otro lado?

¿Escondernos en consignas? ¿Volver a sacar la vieja pancarta del “No a la guerra” como si el mundo no hubiera cambiado?

La política internacional no se resuelve con eslóganes. El régimen iraní no responde a pancartas. Son los equilibrios de poder, las alianzas y a la capacidad de disuasión quienes pueden frenarlo.

Europa lleva años debatiendo sobre su papel en el mundo. De su seguridad, su autonomía estratégica y su capacidad para proteger a sus ciudadanos. España forma parte de ese debate.

Y no puede abordarse con la ligereza de quien convierte un conflicto global en un episodio más de política doméstica. Sánchez, por sus propios intereses, coloca al país en parámetros de ultraizquierda que no son los que maneja el común europeo.

Por supuesto, nadie quiere la guerra. Si bien, querer la paz no significa ignorar las amenazas. Al contrario, hay que afrontarlas. Porque cuando una amenaza es real, negarla no la hace desaparecer. Solo la acerca.

A.M. BEAUMONT

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