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Benjamín López

Benjamín López

EnfoquES del director

La escandalosa maniobra de Sánchez para seguir en La Moncloa a toda costa: inflar el censo electoral

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Pedro Sánchez no se detiene ante nada con tal de perpetuarse en La Moncloa. Su última jugada, tan burda como peligrosa, consiste en inflar de forma artificial y precipitada el censo electoral mediante una avalancha de nacionalizaciones exprés. Todo bajo el paraguas de la llamada “Ley de Nietos”, que no es sino la disposición adicional octava de la Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática, promulgada el 19 de octubre de 2022 y en vigor desde el 21 de ese mismo mes.

La norma, teóricamente destinada a reparar agravios históricos, permite a hijos y nietos de españoles que perdieron o no transmitieron la nacionalidad por exilio, matrimonio o razones políticas optar a ella sin ningún requisito de residencia ni el más mínimo arraigo. Y aquí viene el escándalo: por primera vez, la nacionalidad se concede y el DNI se expide directamente en los consulados, sin que el interesado tenga que pisar suelo español. Nacionalidades como churros.

Los datos oficiales son elocuentes y alarmantes. Hay alrededor de 2,4 millones de aspirantes en Hispanoamérica. Se han presentado más de 1,3 millones de solicitudes (incluidas las citas pendientes por el colapso consular), de las cuales ya se han aprobado medio millón. Esas 500.000 nuevas ciudadanas y ciudadanos españoles quedarán automáticamente inscritos en el Censo de Españoles Residentes Ausentes (CERA) y podrán votar en las próximas generales. El proceso sigue abierto: las aprobaciones continúan y el goteo no cesará hasta que se resuelvan los expedientes en tramitación.

Ante estas cifras, la sospecha no es conspiranoia: es lógica elemental. Sánchez está adulterando el censo de manera veloz y masiva, incorporando votantes que nunca han vivido en España y cuyo vínculo con nuestro país es, en muchos casos, meramente genealógico. ¿Casualidad? No. Tratándose de Sánchez hay que pensar mal. Primero, porque ya demostró que es capaz de cualquier cosa: compró los votos de Bildu y del prófugo Puigdemont para ser investido. Segundo, porque en el terreno estrictamente electoral parece probado que la “banda del Peugeot” —Ábalos, Koldo García y sus secuaces— amañó las primarias del PSOE de 2014 y 2017 a su favor, falseando votos y censos internos.

Si fue capaz de estafar a sus propios compañeros de partido, ¿cómo no va a ser capaz de hacerle lo mismo al conjunto de los españoles? Cuando se trata de poder, Sánchez nunca deja pasar una oportunidad. Y esta la tiene servida en bandeja. España merece saberlo antes de que sea tarde.

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