Europa responde al desafío de Trump con Ormuz desde la política y la diplomacia

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
Los españoles estamos desconectando de la realidad con la celebración de la Semana Santa, acudiendo a procesiones, tronos y en su caso a las actividades propias de estas fechas, sin darnos cuenta de lo que se nos viene encima a causa de la situación geopolítica mundial. Hasta el punto de que el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez Pérez Castejón, es el vivo ejemplo de la desconexión de la realidad, encerrándose en el Palacio de las Marismillas para desconectar de su aislamiento internacional personal y como primer ministro español.
Pero resulta que cuarenta países del mundo están celebrando estos días importantes reuniones, encabezados por el Reino Unido, a fin de dar una respuesta a la situación del Estrecho de Ormuz, dadas las posibilidades de que Donald Trump se retire de las operaciones bélicas contra Irán, sin resolver lo más decisivo del conflicto generado, como es la circulación de barcos con suministro de petroleo.
Esta reunión, que conllevará una coalición política y diplomática, ocupándose no sólo de los barcos y sus tripulaciones sino de restituir el lógico tráfico comercial del petroleo, es la respuesta contundente de Europa ante un Donald Trump que, pretendiendo meter a Europa en una guerra que no le corresponde pero le afecta, ha amenazado con dejar el estrecho, bloqueado, lleno de minas e inservible por algo que ha generado él mismo.
La realidad nos dice que el presidente norteamericano solo pretende quitarse de encima el conflicto con Irán, en el que por desconocimiento político, prepotencia militar y sin tener en cuenta que el régimen iraní es un país teocrático, es evidente que ha metido la pata. Ahora quiere sacarla del avispero, ya que no puede hacer una operación al “estilo Maduro”, ni tiene una Delcy Rodriguez que le pueda gestionar un cambio de régimen político.
Con estas decisiones de Trump, que se encuentra en horas bajas de popularidad a nivel interno en Estados Unidos (tanto en la economía manteniendo importantes disputas para redirigir la independencia de la FED, como en el capítulo de la concesión de la nacionalidad americana a los hijos de los emigrantes nacidos allí, yendo en contra de la 14ª enmienda de la Constitución, que por cierto, de manera escéptica están revisando los tribunales) la pretensión de abandonar la OTAN para debilitar desde este pacto a Europa en materia de defensa, no le resultaría nada fácil, teniendo en cuenta que necesita para llevarla a cabo los dos tercios del Congreso o Senado.
¿Cuales son las razones de estas actitudes de Trump?
Las verdaderas razones de estas actitudes y comportamientos de Trump, en las que no le importa insultar gravemente a un aliado europeo como el presidente francés Macron haciendo insinuaciones groseras respecto a que sufre maltrato por parte de su esposa, dado que Francia no apoya las decisiones norteamericanas, tienen su base en que el próximo noviembre, Trump se enfrenta a unas elecciones legislativas en medio de una legislatura que sería la última de su carrera política, sin posibilidad de acudir a la reelección sin modificar la Constittución norteamericana.
Cabe destacar que en una reciente encuesta realizada por la cadena CNN entre los días 26 al 30 de marzo, el índice de aprobación de Trump en materia económica ha caído hasta el 31 por ciento, un mínimo histórico, considerando que sus políticas económicas, han empeorado la economía, dándose la circunstancia de que este descenso de popularidad, es cada vez mayor entre sus partidarios, cayendo el apoyo a Trump desde el 52 por ciento el pasado mes de Enero, al 43 por ciento en el final del pasado marzo.
Estos datos sociométricos, le llevan al presidente americano a tomar decisiones estrambóticas, como la construcción de un salón de baile en un ala de la Casa Blanca (que ha sido paralizada por un juez), o cesar a la secretaria de justicia por no haber investigado a los detractores de Trump y particularmente en el caso Epstein.
Lo cierto es que quedan dos trimestres para comprobar si el presidente de los Estados Unidos puede salir airoso de unas elecciones legislativas que le permitan culminar su legislatura, que puede inscribirle en la historia como un “tiburón empresarial”, metido a político que resulta desagradable para el mundo, si no se está de acuerdo con sus actitudes, no se aceptan sus amenazas y como en el caso de Europa, no se acepta ser vasallo de “un mal señor”.