editorial
Ábalos vs Bárcenas, 'caso Koldo' vs 'Kitchen': la corrupción sanchista gana por goleada
Mientras el PP ya pagó en las urnas por sus pecados y renovó su liderazgo, el sanchismo sigue bloqueando cualquier rendición de cuentas electoral. La corrupción del PP fue castigada; la del PSOE, enquistada

El exministro Jose Luis Ábalos durante la audiencia preliminar en el Tribunal Supremo.
Estos días coinciden en los tribunales dos procesos que resumen buena parte de la corrupción que ha salpicado a los dos grandes partidos nacionales. Desde este lunes se juzga en la Audiencia Nacional la Operación Kitchen, el supuesto operativo parapolicial montado desde el Ministerio del Interior en tiempos de Mariano Rajoy para espiar y sustraer documentación al extesorero del PP Luis Bárcenas y proteger al partido del escándalo Gürtel. Este martes arranca en el Tribunal Supremo el juicio de la rama de las mascarillas del caso Koldo (o caso Ábalos), en el que el exministro de Transportes y exsecretario de Organización del PSOE, José Luis Ábalos, y su antiguo asesor Koldo García se enfrentan a peticiones de penas muy elevadas por presuntas irregularidades en la adjudicación de contratos de material sanitario durante la pandemia.
Ambos casos expresan, respectivamente, la corrupción que ha afectado al PP y al PSOE. Pero son incomparables, no solo por su naturaleza o gravedad, sino sobre todo por cómo han sido gestionados políticamente. Los escándalos de corrupción en partidos tienen siempre dos juicios paralelos: el judicial, que se dirime en los tribunales con su maquinaria a veces lenta pero inexorable, y el político, que lo deciden los ciudadanos en las urnas.
La principal diferencia es que el caso Kitchen ya ha sido purgado políticamente por los votantes. En las elecciones generales de abril de 2019, el PP de Pablo Casado sufrió un castigo durísimo: obtuvo solo 66 escaños y alrededor de 4,37 millones de votos, su peor resultado histórico, perdiendo más de la mitad de los diputados respecto a 2016 y cayendo en picado desde los 137 escaños de Rajoy en 2016. En noviembre de 2019 repuntó ligeramente a 89 escaños, pero el daño estaba hecho. Aquella dirección del PP fue barrida. Hoy no queda prácticamente nadie de aquella época en los órganos de decisión del partido bajo Alberto Núñez Feijóo, que en 2023 logró 137 escaños y más de 8 millones de votos, recuperando terreno pero sin borrar del todo el lastre anterior.
En cambio, en el caso Koldo o caso Ábalos el juicio político brilla por su ausencia. Pedro Sánchez lo está evitando con uñas y dientes. A pesar de no tener presupuestos aprobados en toda la legislatura y de carecer de una mayoría estable en el Congreso, el presidente se aferra al poder de forma antinatural, consciente de que unas elecciones generales le supondrían un descalabro previsible. Lo hemos visto como anticipo en las tres últimas convocatorias autonómicas celebradas desde que estalló el escándalo de las mascarillas: el PSOE ha encajado severos castigos en varios territorios, con el PP capitalizando el descontento ciudadano.
Es muy probable que en este caso el veredicto de los jueces llegue antes que el de los ciudadanos. Mientras el PP ya pagó en las urnas por sus pecados y renovó su liderazgo, el sanchismo sigue bloqueando cualquier rendición de cuentas electoral. La corrupción del PP fue castigada; la del PSOE, enquistada en el poder. Por ahora, la corrupción sanchista gana por goleada.