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El Partido Sanchista se tambalea

Pedro Sánchez, en una sesión del Congreso

Pedro Sánchez, en una sesión del CongresoGTRES

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El férreo liderazgo de Pedro Sánchez en el PSOE empieza a mostrar grietas.

No porque hayan aparecido críticos abiertos. No todavía. Salvo los clásicos. En el socialismo español, la discrepancia rara vez se exhibe en público.

Pero sí porque algo más silencioso comienza a extenderse. La duda. No sobre lo que se ha hecho. Sino sobre si hay salida.

En privado, el desánimo es evidente. Cada vez más dirigentes socialistas empiezan a asumir que la situación no remonta. Que el desgaste no se contiene. Que el tiempo ya no juega a favor.

El juicio del caso mascarillas no ha hecho más que agravar esa sensación. Porque ha instalado una idea difícil de combatir: la de una corrupción prolongada en el tiempo y una regeneración que nunca llegó.

Y cuando esa percepción prende en la calle, el margen político se estrecha. Mucho. A eso se suma lo que viene. Andalucía asoma en el horizonte como una prueba decisiva. Y en el PSOE son conscientes de que un mal resultado no será solo una derrota territorial. Será un síntoma.

Mientras tanto, el presidente resiste. Bunkerizado en La Moncloa. En modo supervivencia. Aferrado a un relato que insiste en que la economía va “como un cohete”.

Pero fuera, la realidad es otra. Inflación. Vivienda imposible. Cesta de la compra disparada. Presión fiscal al alza. La economía real no despega.

Y cuando el discurso y la vida cotidiana dejan de coincidir, algo se rompe. Primero por dentro. Después por fuera. Y ahí empiezan las ruinas.

A.M. BEAUMONT

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