editorial
La justicia triunfa frente al poder del sanchismo: Begoña Gomez irá a juicio con jurado

José Luis Ábalos junto a Pedro Sánchez y Begoña Gómez celebrando los resultados de las elecciones de 2019 en el bancón de Ferraz.
El juez Juan Carlos Peinado ha hecho lo que parecía imposible: concluir la instrucción y enviar a Begoña Gómez a juicio oral ante un jurado popular por cuatro delitos graves: tráfico de influencias, corrupción en los negocios, apropiación indebida y malversación. La esposa del presidente del Gobierno se sentará en el banquillo por haber aprovechado el “ascendente” de su marido para beneficiarse de un círculo de élite empresarial y académica, según el auto notificado el pasado domingo. Es un hecho histórico. Y es, sobre todo, la demostración palmaria de que la Justicia, cuando un juez cumple con su deber, puede más que toda la maquinaria del poder.
Porque el sanchismo lo intentó todo. Durante meses, el Gobierno, la Fiscalía, la Abogacía del Estado, los medios afines y los portavoces del PSOE desplegaron una campaña de desprestigio sin precedentes contra el magistrado Peinado. Se le acusó de parcialidad, de obsesión, de persecución política. Se presentaron recursos tras recursos. Se filtraron informes y se airearon supuestas irregularidades personales. Se utilizó hasta el último resorte institucional para frenar una investigación que, desde el primer día, incomodaba al corazón del régimen: la mujer del presidente.
Nada funcionó. Ni las presiones, ni las descalificaciones, ni la batería de recursos. Un simple juez de instrucción, sin más arma que el Código Penal y su independencia, ha llegado hasta el final. El sanchismo en estado puro —con sus peores artes, con su concepto patrimonial del Estado, con su convicción de que el poder está por encima de la ley— ha chocado contra un muro: la toga de un magistrado que se limitó a hacer su trabajo.
Ahora será un jurado popular, ciudadanos corrientes, el que decida. Veremos qué ocurre. Pero si Begoña Gómez es condenada por uno solo de los cuatro delitos que se le imputan —algo que, a la vista de los indicios, resulta más que probable—, Pedro Sánchez recibirá un varapalo de dimensiones gigantescas. No solo personal. Político. Moral. Porque demostrará que ni siquiera la Moncloa está por encima de la ley.
Hoy, la Justicia ha ganado una batalla. Mañana, el jurado dirá si también gana la guerra.