enfoques del director

Sánchez acorralado por Begoña Gómez: el Gobierno lucha contra los hechos

Los españoles asisten atónitos a un espectáculo sin precedentes: un presidente del Gobierno que, en lugar de dar explicaciones, combate la realidad con denuedo. Su esposa, Begoña Gómez, ha sido procesada por el juez Juan Carlos Peinado por cuatro delitos graves —tráfico de influencias, corrupción en los negocios, malversación de caudales públicos y apropiación indebida— tras dos años de investigación. El instructor ha cerrado la fase de instrucción y la sitúa al borde del banquillo, ante un jurado popular. Ni dimisiones, ni rectificaciones, ni siquiera un gesto de pudor. Solo victimismo y ataques a la Justicia.

Los hechos son tozudos y no admiten controversia:

  • Begoña Gómez obtuvo un patrocinio anual de 40.000 euros de Air Europa, la compañía rescatada con fondos públicos por el Ejecutivo de su marido.
  • Se reunió en pleno proceso de rescate de Plus Ultra con Javier Hidalgo y Víctor de Aldama —este último procesado por corrupción en el Supremo— en las oficinas de Globalia, los días 24 de junio y 16 de julio de 2020.
  • Negoció en Moncloa la creación de una cátedra en la Universidad Complutense que ningún ciudadano con su perfil curricular habría conseguido.
  • Recomendó a Red.es, organismo dependiente del Gobierno, la adjudicación de contratos millonarios a su amigo el empresario Juan Carlos Barrabés, que percibió más de 10 millones de euros.
  • Logró patrocinios anuales de 15.000 euros cada uno de Caixabank y Reale, entidades sometidas a una regulación férrea por parte del Ejecutivo.
  • Presionó a grandes corporaciones como Iberdrola, Prisa o Cepsa, y a empresas públicas como Correos o Red Eléctrica, para inflar el número de alumnos de su máster matriculando a sus directivos.
  • Consiguió que Google, Telefónica e Indra —dos de ellas con fuerte vinculación al Gobierno— aportaran más de 300.000 euros en horas de trabajo y recursos para desarrollar un software que luego registró a su nombre, creando una sociedad limitada para explotarlo comercialmente.
  • Utilizó a una asesora pública pagada con dinero de los contribuyentes para realizar gestiones que solo beneficiaban su actividad privada.

Cualquiera de estos episodios, aislado, bastaría para tumbar a un Gobierno en una democracia normal. Aquí, el Ejecutivo prefiere señalar al mensajero: al juez Peinado, a quien el Tribunal Superior de Justicia ya respaldó por unanimidad frente a las querellas por prevaricación. La Justicia no es el problema; es el espejo donde se refleja la verdad incómoda.

El verdadero drama de Pedro Sánchez no reside en los autos judiciales, sino en la realidad que estos desnudan. Un Gobierno que se construyó sobre la moralina y el “no es no” se desmorona ante la evidencia de que en Moncloa se ha practicado el “sí es sí” al enriquecimiento personal con cargo al erario. Sánchez está acorralado por los hechos. Y cuanto más lucha contra ellos, más se hunde.