enfoques del director

El juez Peinado apunta a Sánchez al procesar a Begoña: le señala sin decir su nombre
El juez Peinado tiene entre ceja y ceja a Pedro Sánchez. Y eso se refleja también en el auto de procesamiento dictado hace unos días, que marca un antes y un después en la causa en la que la esposa del presidente del Gobierno se enfrenta a juicio por cuatro delitos graves: corrupción en los negocios, malversación de caudales públicos, apropiación indebida y tráfico de influencias. En sus 39 páginas, el magistrado no solo detalla los indicios contra Gómez y otros investigados, sino que introduce un párrafo revelador que la izquierda ha preferido ignorar en sus furibundos ataques.
“Es más que palmaria” la influencia de Begoña Gómez en “personas influyentes”, afirma el juez, y añade que esta ascendencia resulta “difícilmente superable por otro”. No menciona nombres, pero es evidente a quién se refiere, así lo dicta el sentido común: el eje de esa influencia es Pedro Sánchez. Como en el caso Nóos con Urdangarin, la posición familiar genera una “presión ambiental” que condiciona decisiones públicas. Peinado recuerda que no basta con la mera conciencia de esa relación; se exige el aprovechamiento deliberado de esa posición para orientar resoluciones que generen beneficio económico.
El auto describe cómo la actividad profesional de Gómez despegó al llegar su marido a la Moncloa. Se prevaleció de su relación personal y de la del presidente con el resto de la Administración para captar fondos, obtener enchufes y proyectar su carrera. La malversación se vincula incluso a su autoasignación como asesora en Presidencia. Todo ello conforma una secuencia de desviación de recursos públicos y privados difícil de separar de la cúspide del poder.
Mientras el Gobierno cierra filas y acusa al juez de persecución política, el magistrado cumple con su obligación: instruir con rigor los indicios existentes. Procesar a la esposa del presidente no es atacar a la institución, sino aplicar la ley por igual. Sánchez queda señalado sin necesidad de citarlo: su influencia es el “prevalimiento” que hace posible el resto.
En una democracia sana, la Justicia no se detiene ante el poder. El auto de Peinado lo recuerda con crudeza. Ahora corresponde al tribunal popular valorar las pruebas. Pero el silencio selectivo de la izquierda ante ese párrafo clave revela más que mil discursos: saben perfectamente a quién apunta el juez sin necesidad de nombrarlo.