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Benjamín López

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EnfoquES del director

La acusación de Aldama que más daño hace a Sánchez: Begoña Gómez, la SEPI y el Instituto de Empresa

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Víctor de Aldama, el comisionista clave del caso Koldo, ha soltado este miércoles en el Tribunal Supremo una bomba de precisión quirúrgica contra Pedro Sánchez. No ha atacado al presidente en sus políticas ni en sus pactos de investidura. Ha ido directo al punto más sensible: la trayectoria profesional de Begoña Gómez en el Instituto de Empresa (IE) y su supuesta vinculación con un pelotazo inmobiliario de la SEPI.

Según la declaración del empresario, en torno a 2018-2019 presentó, junto a un fondo de Hong Kong, una oferta de 250 millones de euros (luego rebajada) por el complejo Campos Velázquez, en pleno barrio de Salamanca de Madrid. El paquete de edificios, propiedad de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales, albergaba la sede de la SEPI, Navantia y, como inquilino destacado, el propio IE. Koldo García, exasesor de José Luis Ábalos, le ordenó retirar la puja: “Begoña Gómez, mujer del presidente, ha dicho que quiere Campos Velázquez para ella”. Aldama lo vinculó explícitamente al momento en que Gómez comenzaba su colaboración con el IE como directora del Africa Center, cargo que ocupó desde agosto de 2018 hasta 2022.

El timing no es casual. El IE llevaba años intentando ampliar su presencia o hacerse con parte de ese codiciado complejo. El fichaje de la esposa del recién estrenado presidente Sánchez coincidió con un renovado interés de la institución por los terrenos públicos. Fuentes del IE niegan cualquier intervención irregular, pero la versión de Aldama dibuja un escenario en el que el poder político habría intervenido para reservar un activo estatal en beneficio de una entidad privada con la que la primera dama mantenía una relación profesional.

Sánchez ha blindado siempre a su esposa como un asunto “personal”. Aldama acaba de demostrar que esa “carrera” puede convertirse en un flanco letal. Porque no se trata ya de másteres o conferencias: se trata de influencia sobre patrimonio público y de negocios que, según el testigo, se frustraron por orden expresa de Moncloa. El presidente, que ha hecho de la ética y la transparencia su bandera, ve cómo su punto más vulnerable —la imagen intachable de Begoña— queda expuesto ante el Supremo.

Aldama no ha necesitado pruebas documentales para herir de muerte la narrativa. Solo ha contado lo que, según él, le contaron Koldo y el propio engranaje del poder. Y Sánchez, por primera vez en mucho tiempo, no tiene dónde esconderse. El golpe duele porque va al corazón del santuario familiar.

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