La zancadilla se inventó para los que corrían rápido

El empresario benidormense, Antonio Magraner, presidente Nacional de los Jóvenes Empresarios (CEAJE)
Desde pequeños nos han enseñado a ser los mejores o, al menos, a intentarlo. Una visión de futuro basada en el profundo “yo” que poco respeto merece del conjunto de una sociedad que ya no brinda ni el aplauso por lo extraordinario: “nadie lo merece más que yo”.
Los empresarios estamos hechos de otra pasta porque, aunque para algunos esto de emprender sea solo una manera de buscarse la vida, no dejamos de lado ese carisma de quien quiere dar a luz a su propia idea. Hoy, nosotros no necesitamos el aplauso, necesitamos el modo de intentar poner en marcha nuestro negocio.
El 99% de las compañías que hay en España son pymes. Este dato pone de manifiesto la realidad que vivimos en nuestro país. La mayor parte del total de los empresarios son personas como usted y como yo. En mi caso, nacido en la Comunidad Valenciana, crecí con la vocación de ser empresario. Lo he intentado con una y con otra idea, me he caído y me he levantado, me he equivocado y he acertado, he perdido y he ganado.
El riesgo es aquello que nos diferencia del resto y que nos acompaña desde el día que nos damos de alta como autónomos, hasta que conseguimos llegar a la jubilación. Sin embargo, en estos tiempos que corren, ¿Quién es el listo que comienza un negocio perdiendo? Y no, no confundan perder con invertir. En lo último, hay una apuesta, en lo primero, es comenzar el partido con goleada en contra.
No hace mucho tiempo conocí a una persona que me preguntó curiosa: ¿Cómo puedo salir adelante con mi idea si, por solo querer probarla, ya tengo que pagar mis poco previsibles beneficios de un año? Y tenía razón en esa duda cargada de verdad. En España no hay caldo de cultivo, no hay posibilidad ni de llevarte un aplauso por intentarlo, no existe la oportunidad de equivocarse: el emprendedor parece perdedor hasta cuando aún no emprende, y cuando deja de serlo, se transfigura en algo, dicen algunos, mucho peor: un empresario.
Es la realidad de un mundo empresarial verdaderamente complejo y en el que los bulos campan a sus anchas por motivos partidistas. El empresario no es esencialmente rico, el empresario es el carpintero, el panadero, el electricista, el formador y el mecánico que, además de solucionar problemas, se los crean.
Si algo tenemos los jóvenes es la esperanza de que las cosas pueden ir a mejor si nos dan la oportunidad. Toda mi vida he creído que con trabajo y tesón se cambia la visión de quienes nos rodean. Ahora, como presidente de CEAJE, tengo por delante cuatro años para representar a la juventud empresaria y pretendo que sirvan para seguir enderezando el camino de los que acaban de comenzar.
No necesitamos ayuda, queremos caminos para poder equivocarnos. Algún día, esas alfombras rojas lo serán también para la creación de empleo, para la generación de riqueza, para la calidad de vida de los empleados y para ser referentes y mentores de los que nos sucedan. La zancadilla se inventó para los que corrían rápido.
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