Montero se asoma al abismo: la peor candidata de la historia por cuatro razones
María Jesús Montero es la peor candidata posible por cuatro motivos. El primero: llega a las urnas andaluzas no por voluntad propia sino forzada por Pedro Sánchez, no como una líder elegida por los andaluces, sino como embajadora obligada del sanchismo. Ella, que durante ocho años ha sido la mujer más poderosa del Gobierno central, la vicepresidenta primera y ministra de Hacienda, ahora se presenta como la salvadora de su tierra. Empezó la precampaña poco menos que afirmando que se sacrificaba renunciando a tanto poder para ir a salvar a sus paisanos que, solo por eso, debían estarle agradecidos por rebajarse a gobernarlos. Nunca una candidata había exhibido tanto desprecio disfrazado de generosidad.
El segundo motivo: su balance en el Ejecutivo central es un desastre absoluto. Como responsable de las cuentas del Estado, no ha sido capaz de aprobar unos presupuestos en toda la legislatura. Ni siquiera de presentarlos en condiciones. Tres intentos fallidos, prórrogas y excusas. La estabilidad presupuestaria se ha convertido en un chiste bajo su mando. Y ahora pretende dar lecciones de gestión a Juanma Moreno, que ha sacado adelante Andalucía con mayoría insuficiente y sin el apoyo incondicional de los socios radicales de Montero.
Tercer motivo, probablemente el más grave: su pasado en Andalucía. Montero formó parte del Gobierno socialista que gestionó —y encubrió— las consecuencias del mayor escándalo de corrupción de la democracia: los ERE. Como consejera de Hacienda con Susana Díaz, su departamento no reclamó el dinero defraudado a pesar de la obligación legal. Formó parte de la maquinaria que patrimonializó la Junta y permitió el desvío de 679 millones de euros. Ese es su legado andaluz: silencio cómplice y olvido interesado.
Y, el cuarto motivo: la campaña nefasta ha sido la guinda. Bulos sobre el copago que, según ella, Moreno quiere implantar. Mentiras repetidas hasta la náusea. Y la metedura de pata antológica: calificar la muerte en acto de servicio de dos guardias civiles en Huelva como “accidente laboral”. Tuvo que rectificar entre escándalo y críticas unánimes de las asociaciones del Instituto Armado. Una insensatez que resume su campaña: improvisación, soberbia y falta absoluta de tacto.
Montero no es una candidata. Es el último cartucho de un PSOE agotado que solo ofrece retroceso. Andalucía no necesita embajadoras forzosas ni herederas del ERE. Necesita continuidad y solvencia. El 17 de mayo, los andaluces tienen la oportunidad de decir basta. El abismo la espera.