ZP, la tormenta perfecta sobre Sánchez

El presidente Pedro Sánchez y el expresidente Zapatero.
Pedro Sánchez solo piensa en resistir. Sabe que está en su final, pero desea alargarlo todo lo posible.
Ya no gobierna. Aguanta. Es otra cosa. En realidad, se le nota: vive una agonía.
La legislatura ha entrado en una fase extraña donde nadie parece creer demasiado en ella, pero casi todos siguen dentro.
La Moncloa lo fía todo a una idea: resistir un día más. Una semana más. Un mes. Confiar en que el tiempo desgaste las noticias, enfríe los escándalos y rebaje el ruido. Agarrados a un clavo ardiendo.
Desean que José Luis Rodríguez Zapatero logre aclarar o contener una montaña de sospechas que cada día parece más alta. Pero, bien saben que la instrucción va a ser larga y que este asunto va abrir muchos telediarios en los próximos meses.
Mientras tanto, el Partido Popular observa. Y se frota las manos. Hace bien. Porque en Génova empiezan a acariciar la posibilidad de quedarse en 2027 con todo el poder territorial, municipal y autonómico, además de colocarse en la puerta de La Moncloa. Un panorama electoral muy similar al de 2011.
Pero quizá lo más llamativo esté en los socios de Sánchez. Cada día aparecen más tiznados por el humo del sanchismo. Más incómodos. Más obligados a explicar lo inexplicable. Se les caen los principios de cara a sus votantes. Y, sin embargo, siguen.
¿Por qué? Porque saben perfectamente una cosa. Que romper ahora tiene consecuencias. Sería dejar paso a la derecha. Y ahí aparece la gran paradoja española.
Un Gobierno desgastado.
Unos aliados rotos, descoloridos. Una oposición esperando. Y un presidente convencido de que resistir sigue siendo gobernar. Ósea, la tormenta perfecta.
Porque resistir no siempre cambia las cosas. A veces solo las aplaza. Agravándolas. Y, además, por mucho que se desee postergar, la realidad siempre acaba llegando.
A.M.BEAUMONT