la mirilla
Sánchez arrastra al PSOE a la hecatombe

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno
Hay legislaturas que nacen para cambiar un país. Otras para aprobar reformas. Algunas, simplemente, para gestionar tiempos difíciles. Y luego está esta.
Una legislatura que parece haber quedado reducida a un único objetivo: que se mantenga Pedro Sánchez un día más en La Moncloa. Podríamos decir que estamos ante una legislatura unipersonal.
El caso Zapatero sigue creciendo y proyectando sombras sobre un PSOE ya demasiado acostumbrado a vivir entre explicaciones, desmentidos y fuegos corruptos que apagar. El desgaste no es solo socialista. También empieza a alcanzar a quienes decidieron subirse al sanchismo.
Las señales aparecen incluso donde antes reinaba la disciplina. En el PNV ya surgen voces relevantes. Nombres como Iñaki Anasagasti o Iñigo Urkullu empiezan a deslizar una idea incómoda: acelerar el final y abrir cuanto antes un nuevo tiempo político.
Porque cada vez cuesta más explicar qué sentido tiene prolongar esta agónica y pestilente situación.
La sensación que recorre la calle es fría. Muy fría. Miles de españoles salen cada mañana a trabajar, hacen cuentas, aprietan gastos, intentan llegar a fin de mes y sostienen su vida a base de esfuerzo. Y mientras tanto contemplan atónitos cómo los alrededores del poder parecen vivir en otra dimensión. Sobres, comisiones, intermediarios, putas, joyas, favores, nombres que aparecen y desaparecen. La distancia entre la política y la calle empieza a parecer un océano. Unos pagan impuestos y otros se lo llevan crudo para vivir opíparamente.
A estas alturas, cualquier sistema democrático con reflejos habría abierto las urnas hace tiempo. Pero aquí no. Aquí lo prioritario no parece ser el país. Ni el Parlamento. Ni siquiera el partido.
Aquí lo urgente parece ser resistir. Hasta el último aliento. Al precio que sea. Para el PSOE. Y para España.
A.M. BEAUMONT