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Las calles de Leganés se comieron de simpatía a Feijóo

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en Leganés

El líder del PP, Alberto Núñez Feijóo, en Leganés

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Hay ciudades donde la política todavía conserva memoria. Leganés es una de ellas.

Durante décadas esta gran ciudad del sur de Madrid —200.000 habitantes— fue territorio natural de la izquierda. Un lugar donde el PSOE caminaba con la tranquilidad de quien siente el suelo propio bajo los pies. Una referencia simbólica del cinturón rojo madrileño.

Por eso resultó tan llamativo lo ocurrido este jueves. Alberto Núñez Feijóo paseó por Leganés y la calle, sencillamente, se lo comió con simpatía. Visitó talleres. Comercios. Se hizo selfies. Se le acercaron vecinos felices. Le abrazaron. Mucha gente saludando sin tensión ni distancia. Normalidad. Incluso entusiasmo en algunos momentos.

Y eso, políticamente, vale mucho. Porque las campañas, los discursos y las tertulias cuentan una parte del país. Pero la calle suele contar otra. Más intuitiva. Más rápida. Más sincera.

La realidad tiene algo demoledor: cuando cambia el ambiente, se nota antes en las aceras que en las encuestas.

Durante años parte de la izquierda creyó que ciertos territorios le pertenecían emocionalmente para siempre. Como si hubiese votos inscritos en piedra. Pero las ciudades cambian. Los vecinos también. Las preocupaciones mutan. Y la política acaba moviéndose.

Quizá lo más importante de la visita de Feijóo a Leganés no fueron las fotos ni los discursos, aunque el líder del PP hiló un fino análisis de la actualidad nacional rodeado de cientos de personas en la Plaza de España.

Lo más importante fue la naturalidad. La sensación de que algo que hace unos años habría parecido extraño hoy empieza a verse completamente normal.

Y cuando la normalidad cambia, ojo. Porque normalmente el cambio político ya está en marcha.

A.M. BEAUMONT

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