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Sánchez ve traidores por todas partes

Pedro Sánchez junto a Patxi Lopez

Pedro Sánchez junto a Patxi LopezGTRES

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Hay una señal infalible en política. Cuando un gobierno empieza a ver conspiraciones por todas partes es porque comienza a sospechar que el poder se le escapa de las manos. Ha ocurrido siempre.

Primero aparecen los enemigos ocultos. Después las operaciones imaginarias. Más tarde las campañas de los jueces, de los periodistas, de los empresarios, de la oposición o de quien toque esa semana. La culpa nunca está dentro. Siempre fuera.

El PSOE empieza a recorrer ese camino a gran velocidad. Ya no hay corrupción. Hay conspiración. No son investigaciones judiciales. Son persecución. Ni siquiera se reconocen errores políticos. Se ven maniobras oscuras. Es la reacción habitual de los proyectos agotados.

Porque las organizaciones que se sienten fuertes discuten estrategias. Las que perciben la derrota buscan traidores. Y esos buitres sobrevuelan el sanchismo.

Las investigaciones judiciales avanzan. Los escándalos se acumulan. Los socios parlamentarios se alejan. Las derrotas electorales empiezan a repetirse. La consecuencia suele ser conocida.

Todos miran a todos. Cada declaración genera sospechas. Los silencios provocan desconfianza. Las críticas se interpretan como una deslealtad. El adversario deja de estar enfrente para instalarse dentro de casa.

Es entonces cuando el poder entra en una especie de paranoia política que consume toda su energía. Y gobernar deja de ser la prioridad.

La pregunta ya no es cómo resolver los problemas de España. La pregunta pasa a ser quién sigue siendo fiel.

Pedro Sánchez fue elegido para gobernar un país. No para dirigir una resistencia permanente.

¿Puede alguien creer seriamente que un Gobierno cercado por los escándalos, pendiente de los tribunales, enfrentado a sus socios y obsesionado con su propia supervivencia está concentrado en los problemas de los españoles? La respuesta parece evidente.

Por eso cada día resulta más difícil justificar la prolongación artificial de esta legislatura. Resistir ya no es gobernar. Resistir se ha convertido simplemente en la forma que tiene Sánchez de retrasar el veredicto de las urnas.

A.M. BEAUMONT

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