ESdiario

la mirilla

Sánchez nos ha convertido en rehenes de Waterloo

El presidente de Junts, Carles Puigdemont, durante una rueda de prensa, en el espacio Les 5 Éléments, a 27 de octubre de 2025, en Perpignan (Francia).

El presidente de Junts, Carles Puigdemont, durante una rueda de prensa, en el espacio Les 5 Éléments, a 27 de octubre de 2025, en Perpignan (Francia).Glòria Sánchez / Europa Press

Creado:

Actualizado:

Durante siglos, Waterloo fue conocido por la derrota de Napoleón. Ahora vuelve a ocupar espacio en la política europea por una anomalía.

Allí, en una localidad belga de treinta mil habitantes, Carles Puigdemont ha invitado a Alberto Núñez Feijóo a hablar sobre el futuro del Gobierno de España. Si quiere presentar una moción de censura contra Pedro Sánchez, dice el líder de Junts, por boca de su secretario general, que vaya a Waterloo y le escuchará. Hay imágenes que explican todo. Esta es una de ellas.

La cuestión no es si Feijóo debe aceptar la invitación. Que ha rechazado de plano. Tampoco si Junts apoyaría realmente una moción de censura. La cuestión es otra. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿En qué momento la gobernabilidad de España dejó de discutirse exclusivamente en las instituciones españolas para acabar orbitando alrededor de Waterloo?

Hace no tanto tiempo, el futuro político de nuestro país se decidía en el Congreso de los Diputados. Allí estaban los debates. Las votaciones. Los acuerdos y los desacuerdos.

Hoy, sin embargo, uno de los hombres que más influencia ejerce sobre la estabilidad del Gobierno reside a más de mil kilómetros de Madrid y se permite señalar el lugar donde deberían celebrarse determinadas conversaciones políticas. Y lo hace con absoluta naturalidad.

La culpa, por supuesto, no es de Puigdemont. Puigdemont aprovecha la posición que le otorgan los números parlamentarios y la debilidad de Sánchez.

La pregunta incómoda es otra. ¿Qué decisiones han permitido que Waterloo se convierta en una estación obligatoria de la política española?

Y la respuesta tiene intereses políticos con nombre y apellido. La degeneración del sanchismo. Pedro Sánchez.

Fue él quien decidió hacer depender su continuidad en La Moncloa de fuerzas que tienen como objetivo declarado debilitar el marco institucional nacido en 1978. Fue él quien convirtió en socios imprescindibles a quienes habían dedicado años a combatir políticamente al Estado.

Los resultados están a la vista. España sigue teniendo Gobierno. Pero cada vez resulta más difícil saber dónde se toman algunas de las decisiones que afectan a su rumbo.

Y esa es probablemente la mayor paradoja de esta legislatura. El país tiene capital. El país Parlamento. Pero cuando llega el momento de hablar de poder, siempre aparece una sombra al fondo del escenario. Y casi siempre conduce al mismo destino. Waterloo.

A. M. BEAUMONT

tracking