la mirilla
Los pobres que no montan en el cohete de Sánchez

El presidente del Gobierno Pedro Sánchez
España va como un cohete. Eso asegura Pedro Sánchez cada vez que aparece cualquier dato económico. Lo repiten los ministros. Lo celebran los portavoces del Gobierno. Crecemos más que buena parte de Europa. Se crea empleo. Llegan inversiones. Las cifras macroeconómicas parecen sonreír.
Y, sin embargo, esta semana ha aparecido otro dato. Uno de cada cuatro españoles vive en riesgo de pobreza o exclusión social. Uno de cada cuatro.
Más de doce millones de personas. La cifra procede de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. No es una consigna de oposición. No es una exageración interesada. Es una fotografía social de España.
Y obliga a formular una pregunta. ¿Qué clase de cohete deja a tantos pasajeros mirando cómo despega la nave?
Porque las estadísticas económicas, esas por las que se felicita el Gobierno, tienen una virtud y un defecto. La virtud es que ayudan a comprender la realidad. El defecto es que, a veces, permiten ocultarla.
España puede crecer. Y crece. España puede crear empleo. Y lo crea. Pero eso no significa automáticamente que los españoles vivan mejor.
Basta hablar con cualquier familia para comprobarlo. La cesta de la compra sigue apretando. El alquiler se ha convertido en una pesadilla para millones de personas. Comprar una vivienda es un sueño cada vez más lejano para muchos jóvenes. Ahorrar se ha transformado en un lujo reservado a quienes llegan holgados a fin de mes.
Y cada vez aparecen más trabajadores que, pese a tener empleo, viven con una fragilidad económica permanente.
Esa es la gran contradicción de nuestro tiempo. La economía avanza. Pero muchos ciudadanos sienten que no.
Por eso resulta tan peligroso gobernar únicamente desde los indicadores macroeconómicos. Porque los porcentajes no hacen la compra. Los gráficos no pagan la hipoteca. Los titulares no llenan la nevera.
La realidad cotidiana suele ser bastante más exigente que las ruedas de prensa.
Nadie discute que España tenga fortalezas económicas. Lo que muchos españoles discuten es por qué esas fortalezas no llegan con la misma intensidad a sus bolsillos.
Esa es la pregunta que debería preocupar a cualquier Gobierno. Más que las encuestas. Más que los discursos. Mucho más que la propaganda.
Porque los gobiernos tienen derecho a presumir de los éxitos económicos. Lo que no pueden permitirse es despreciar a quienes no los perciben.
Al final, un país no se mide por la velocidad de su cohete. Se mide por el número de ciudadanos que consigue llevar a bordo.
A. M. BEAUMONT