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Se ha destapado la alcantarilla

Leire Díez a su llegada a la sede del PSOE en Ferraz

Leire Díez a su llegada a la sede del PSOE en FerrazCarlos Lujan / Europa Press

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Cuando el poder se usa para perseguir, no para gobernar, estamos a un paso del colapso de una democracia. España asiste a un fenómeno que ya no sorprende, pero sí indigna: el PSOE se ha convertido en una maquinaria de persecución política, un aparato que, según diversas investigaciones periodísticas, habría utilizado estructuras ilegales para vigilar, acosar y neutralizar a opositores, jueces y policías. Todo ello con un objetivo tan burdo como inquietante: proteger a la familia del presidente del Gobierno.

Lo que antes se despachaba como “excesos del sanchismo” hoy se perfila como algo mucho más grave: una red paralela, operada por cargos socialistas como Leire Díez, cuya actividad, según estas informaciones, habría sido conocida por el propio presidente. No hablamos de rumores, sino de un patrón: subordinados directos moviendo dinero negro, recursos opacos y favores internos para perseguir a quienes osaban investigar o cuestionar al entorno presidencial.

La caída moral del socialismo: de la superioridad ética al lodazal. Durante años, el PSOE presumió de ser el partido de la ética, de la regeneración, de la ejemplaridad. Hoy, sus referentes morales están hundidos, desacreditados y silenciados.

Porque, ¿qué queda del discurso progresista cuando se utiliza al Fiscal General del Estado como escudo político? Hemos conocido como Leire se reunía con personas allegadas al condenado Álvaro García Ortíz para dar trato de favor a delincuentes, lo cual ratifica la sentencia del Supremo en la que describe la conducta delictiva del ex Fiscal General.

¿Qué queda de la “defensa de lo público” cuando la directora de la Guardia Civil aparece señalada por su papel en esta trama de presiones y maniobras oscuras?.

Es gravísimo conocer negro sobre blanco como Leire se reunió con la directora de la Guardia Civil para que se cerraran las investigaciones de los asuntos que afectaban a la familia de Sánchez, abriendo, incluso, expedientes disciplinarios a los agentes que no obedeciera. No podemos olvidar como Marlaska cesó a Pérez de los Cobos por negarse a informarle de asuntos judicializados y que afectaban al Gobierno. El mismo patrón se reproduce en esta cloaca.

El sanchismo ha cruzado líneas que ningún Gobierno democrático debería siquiera rozar, ha confundido el Estado con su cortijo, la justicia con un obstáculo y la crítica con un delito. Y lo ha hecho mientras envolvía cada paso en un discurso moralista que hoy se desmorona como un decorado barato. Lo peor es que ha contado con la colaboración de periodistas que han dado altavoz a las mentiras gubernamentales, convirtiéndose en miembros activos de las cloacas fétidas.

Cada día conocemos algo que es mucho peor que lo que conocimos el día anterior. Las prostitutas utilizadas por Ábalos, las mordidas en la compraventa de mascarillas durante la pandemia, incluso las joyas “zaristas” de Zapatero, quedan como algo anecdótico ante la podredumbre fétida que va saliendo al levantarse la tapadera de la alcantarilla de la trama criminal que, presuntamente, se creó por el partido socialista para destrozar las investigaciones judiciales y policiales.

Lo más grave es que vamos conociendo, y así se desprende del atestado de la UCO, que estamos ante un presidente informado… y cómodo. La pregunta ya no es si Pedro Sánchez lo sabía, la pregunta es cuánto sabía y desde cuándo. Las informaciones apuntan a que el presidente estaba al corriente de las actuaciones de Leire Díez, y que su entorno más próximo manejaba fondos opacos para financiar operaciones de presión contra jueces y policías.

Si esto se confirma, no estaríamos ante un simple escándalo político, sino ante un abuso de poder de dimensiones institucionales. España merece luz, no redes en la sombra, pero mientras el PSOE se atrinchera la sociedad española observa con cansancio y rabia cómo el Gobierno se dedica a perseguir adversarios en lugar de resolver, por ejemplo, el problema de la vivienda. Cada vez este putrefacto asunto se parece más al Watergate de Nixon, y todos sabemos como acabo este episodio en los EEUU.

Los ciudadanos no queremos un Ejecutivo obsesionado con proteger a la familia del presidente; necesitamos un Gobierno que proteja a las familias españolas. El sanchismo ha demostrado que está dispuesto a usar el Estado contra los españoles, y eso es algo que ningún país libre puede tolerar. La democracia está en juego.

La regeneración no vendrá de quienes han convertido la política en un refugio personal, sino de quienes defienden la ley, la transparencia y la separación de poderes. Por eso son necesarias elecciones generales para que la decencia y la regeneración limpien las cloacas sanchistas, y para que el PSOE se regenere en la oposición. Solo así la tapa de esta alcantarilla fétida podrá volver a su lugar.

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