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Benjamín López

Benjamín López

EnfoquES del director

Sánchez comete un grave error que le delata con las cloacas del PSOE: lo admite todo sin darse cuenta

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Durante meses, el PSOE y Pedro Sánchez han respondido al escándalo de las cloacas con el manual de siempre: “menuda fumada”, "lawfare", “¡qué inventada!”, “maltrato judicial” y “jueces fachas”. Cualquier investigación de la UCO o del juez Santiago Pedraz o de cualquier otro magstrado era, según ellos, un complot de la derecha y los medios. Hasta ayer.

A las 19:31 del miércoles, Ferraz publicó un comunicado que marca un antes y un después. De repente, el partido ya no niega la documentación del sumario. La reconoce implícitamente y la describe como “una suma de comportamientos individuales de farsantes, oportunistas y resentidos que han usado el nombre del PSOE en vano y en falso, muy a pesar del PSOE”. Insiste en que se trata de “comportamientos individuales intolerables” y promete actuar “si detectamos un responsable identificable”.

Con esta maniobra, el PSOE pretende salvar a Sánchez levantando un cortafuegos: todo fue cosa de unos cuantos pícaros que actuaron por su cuenta. El problema es que esos pícaros son el PSOE, los que mandan: Santos Cerdán y Ana Fuentes. Imposible que actuaran al margen del PSOE y pagaran a la trama con dinero del PSOE sin que el PSOE, como organización, estuviera metida en el ajo.

El sumario de Pedraz es demoledor: la UCO concluye que la trama se montó dentro del PSOE, con dinero del PSOE y poniendo “a disposición de la estructura criminal la propia estructura del partido”. Facturas falsas, pagos a Leire Díez, presiones a la Guardia Civil, intentos de desacreditar a agentes de la UCO… Todo eso no se organiza en un garaje. Requiere autorización, recursos y cobertura desde arriba. Por puro sentido común y lógica elemental, es imposible que los que mandaban en Ferraz —Cerdán, Fuentes y su entorno más próximo a Sánchez— montaran semejante operación sin que el secretario general, el propio Pedro Sánchez, lo supiera y autorizara o consintiera.

Al admitir la verosimilitud de los hechos para echarle el muerto a unos “resentidos”, Sánchez y su partido confiesan lo esencial: la trama existió y fue real. Ya no es “lawfare”. Es su cloaca. Y el intento de blindar al presidente solo consigue delatarlo: si el PSOE puso su organización entera al servicio de la operación, como dice el juez, el máximo responsable político no puede hacerse el sorprendido. El cortafuegos se ha convertido en una trampa que se cierra sobre Moncloa.

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