la mirilla
La lista de periodistas de Leire

La fontanera socialista Leire Díez
En la democracia hay cosas sagradas. La Justicia, por ejemplo. La prensa libre es otra.
De ahí que sea tan inquietante lo que estamos viendo alrededor del llamado caso de las cloacas socialistas de Leire Díez.
No porque un periodista que dice estar escribiendo un libro hable con una fuente. Eso es el periodismo. Y quien lleve años en esta profesión sabe que las mejores informaciones suelen nacer precisamente de conversaciones incómodas. Con políticos, policías, jueces, empresarios o sindicalistas.
El problema aparece cuando la relación deja de ser profesional y se convierte en otra cosa. Si informar deja paso a influir. A chantajear. Contrastar se transforma en ejecutar encargos. En mandados mafiosos. Y la búsqueda de la verdad es sustituida por la voluntad de fabricar una versión interesada de los hechos.
En las últimas horas ha circulado la existencia de una supuesta lista de periodistas vinculados de algún modo con Leire Díez. Habrá que distinguir bien entre hechos acreditados, simples contactos profesionales o rumores interesados. Sería injusto condenar a nadie sin pruebas. Pero la mera existencia del debate ya resulta devastadora. Porque la sospecha se introduce en un terreno especialmente sensible. El del periodismo. Lo que debería preocuparnos a todos. Especialmente a quienes ejercemos esta profesión.
El periodismo no está para proteger gobiernos. Ni para derribarlos. Está para contar la verdad. Y cuando esa frontera se difumina, perdemos todos.
Los ciudadanos, es una realidad, cada día dejan de confiar más en los políticos. Pero también desconfían —y mucho— de quienes tienen el deber de fiscalizarlos. Y cuando la sospecha es la costumbre, la democracia sufre.
A.M. BEAUMONT