opinión
Democracia lo llaman

Villarejo, Leire Díez y Santos Cerdán, en una escena creada con IA
A estas alturas del partido, ya podemos afirmar sin temor a equivocarnos que en España la corrupción, más que un escándalo, es un ecosistema que se ha instalado como esa gotera que ignoras durante años porque "tampoco es para tanto" hasta que te convierte el salón en una piscina municipal. El problema no es tanto la compraventa de voluntades como la naturalidad con la que el poder se hereda, se negocia, se reparte y se factura.
Los escándalos siguen siempre el mismo patrón: primero son "mentiras", luego "montajes", después "malentendidos" y finalmente "lawfare", que es la forma moderna de decir lo de siempre, pero en inglés, para que suene sofisticado y duela menos. En ese punto, todos los que supuestamente tienen algo que ver con el asunto aprenden a mirar a cámara con cara de circunstancias y sueltan aquello de: "confiamos plenamente en la Justicia”, que en román paladino significa que, para cuando haya sentencia firme, el acusado llevará años retirado, escribiendo memorias y dando conferencias a treinta mil euros la hora.
Luego la UCO destapa chats y audios, y descubrimos que estamos en manos de gente que que habla por WhatsApp con la inconsciencia de un nini enviando mensajes en mitad de un botellón, y maneja las instituciones y el dinero público con una zafiedad poligonera sin precedentes.
Da igual. Al día siguiente comparece el portavoz de turno defendiendo la inocencia general de los suyos con la misma energía de quien jura que su perro no ha sido el que te ha dejado un "regalo" en la puerta de casa.
Mientras tanto, el ciudadano medio, que al principio seguía el caso con interés, acaba mirando el precio del aceite, que tiene una narrativa mucho más coherente. Y ahí es donde ganan los que consideran que hacer política no significa gobernar para resolver sino sobrevivir como sea, con quien sea y a costa de lo que sea.
Al final del ciclo, alguien de cuarta fila dimite "por responsabilidad", otros perfeccionan el "no me consta" —el auténtico hit del verano— y todos juntos afinan la coral. Se dice aquello de "esto es muy grave", se asiente con gravedad, y se pasa a la siguiente noticia. Democracia lo llaman.