Bolaños, guardián de la cloaca

Félix Bolaños, ministro de la Presidencia, Justicia y Relaciones con las Cortes
La Justicia en España vive uno de los momentos más críticos de nuestra democracia, y ese deterioro tiene responsables con nombres y apellidos. El principal, el ministro Félix Bolaños, cuya gestión ha convertido el Ministerio de Justicia en un laboratorio de improvisaciones, cesiones políticas y decisiones que han fracturado la confianza de jueces, fiscales, funcionarios y ciudadanos.
El diagnóstico es claro: la Justicia no está en crisis por casualidad. Está en crisis porque se ha gobernado contra ella, porque se ha utilizado como moneda de cambio y porque se ha despreciado su independencia.
Mientras los profesionales alertaban del colapso, el ministro Bolaños prefería hablar de “normalidad institucional”. Una normalidad que solo existe en los discursos del Gobierno, no en los juzgados donde los procedimientos se eternizan, donde faltan medios, donde los funcionarios se ven obligados a trabajar en condiciones indignas. Hasta CCOO ha puesto de manifiesto que Bolaños está engañando a la sociedad ya que ha creado un caos premeditado para generar desconfianza en los ciudadanos. Y cuando la ciudadanía desconfía de la Justicia, la democracia entera se tambalea.
Pero lo más grave es que el ministro Bolaños será recordado como aquel que convirtió la Justicia en un campo de batalla político, sin duda ha hecho algo que ningún responsable de Justicia debería hacer: politizar y desacreditar hasta el último resorte del sistema judicial, tensando la relación con el Poder Judicial como ningún ministro antes. Ha insultado a jueces y fiscales insinuando que actúan movidos por “intereses partidistas”. Ha impulsado reformas legales exprés para resolver problemas políticos de Pedro Sánchez y su familia, no problemas reales de la Justicia.
Ha convertido el Ministerio en una extensión de la estrategia de supervivencia del gobierno. No podemos olvidar que Bolaños fue el primero que abrió la tapa de la cloaca insinuando que los magistrados “no entienden” la ley, que “no aplican correctamente” la voluntad del legislador, que “se extralimitan”.Recordemos que cuando el PSOE activó la guerra sucia contra los jueces, el ministro Bolaños intentó acabar con la acusación popular, socavar el acceso a la carrera judicial y modificar la instrucción de los procedimientos penales expulsando a los jueces y encargando la investigación a una fiscalía sometida a la voluntad de Pedro Sánchez.
Nunca antes un ministro de Justicia había logrado algo tan insólito: poner de acuerdo a la totalidad de las asociaciones judiciales y fiscales en su contra, denunciando la persecución y espionaje a la juez Biedma cuando instruía el procedimiento contra el hermano de Pedro Sanchez. Ya hace un año las asociaciones profesionales suscribieron un comunicado conjunto de apoyo a esta magistrada, y Bolaños calló porque, sin duda conocía la estrategia de la “fontanera” y se negó a defender el trabajo independiente de una servidora pública, incumpliendo su obligación como ministro de Justicia.
Pero el ministro Bolaños está atrincherado, está escondido en la sala de máquinas de la cloaca. No podemos olvidar que Leire Díez influyó, según la instrucción judicial, en la nacionalización de un eminente chavista, provocando que la UCO se personara en el ministerio para recabar toda la información de este oscuro episodio. Tampoco podemos olvidar que esta “fontanera” socialista, que ahora nadie quiere conocer, se reunió con la mano derecha del Fiscal General del Estado condenado por perseguir a oponentes políticos del gobierno, utilizando a la fiscalía en sus sucios planes de propaganda, descrédito de personas e intento de muerte civil de todo aquel que se pudiera considerar “desafecto” al régimen sanchista, al peor estilo totalitario.
El ministro Bolaños es responsable directo del ataque de la cloaca a la Justicia, porque sin el caldo de cultivo creado desde su ministerio atacando la independencia judicial, todas las maniobras sucias no hubieran podido desarrollarse durante estos últimos años. Es responsable por acción, por omisión y por subordinación a los intereses del presidente Sánchez. Responsable por haber convertido el Ministerio en un instrumento político. Responsable por haber fracturado la relación con jueces y fiscales. Responsable por haber deteriorado la confianza ciudadana. Responsable por haber puesto en riesgo la credibilidad internacional de España.
La Justicia no es un terreno para experimentos políticos, no es un espacio para la propaganda y menos es un instrumento al servicio del poder. La Justicia es el pilar que sostiene nuestra convivencia, y cuando ese pilar se debilita, todo lo demás se resquebraja. Bolaños ha intentado acabar con la independencia judicial, lo está intentando en la actualidad y lo seguirá intentando, porque es el cometido que le ha encargado Pedro Sánchez y siempre el ministro ha sido el más aplicado de la banda, por eso es el guardián de la cloaca.