editorial
Sánchez, autoritario y cobarde: impide un debate en el Congreso para exigir elecciones ya
Impedir que se debata y vote sobre algo tan elemental como la exigencia de elecciones anticipadas es un ataque frontal a la democracia. Revela pánico. Revela debilidad

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece ante los medios en el Palacio de la Moncloa.
Pedro Sánchez ha vuelto a demostrar su verdadera naturaleza: la de un autócrata cobarde que teme a las urnas como el vampiro teme a la luz del sol. A través de su fiel escudera Francina Armengol, ha perpetrado otra cacicada en el Congreso de los Diputados. La Mesa, con la mayoría de PSOE y Sumar, ha vetado las enmiendas registradas por PP y Junts a una moción de los populares. El objetivo era claro y legítimo: exigir al presidente del Gobierno la disolución de las Cortes y la convocatoria inmediata de elecciones generales.
La excusa esgrimida —que se trata de una prerrogativa exclusiva del jefe del Ejecutivo— no es más que un burdo parapeto legal para ocultar la verdad: Sánchez huye de un debate que sabe que perdería. Prefiere atrincherarse en el poder, sostenido por una coalición de radicales, separatistas y condenados, antes que someterse al veredicto democrático de los españoles. Y lo hace de la forma más rastrera: votando por teléfono, sin informe de los letrados, en una maniobra que apesta a golpe parlamentario y a desprecio absoluto por las instituciones.
Este no es un mero trámite técnico. Es el síntoma de un régimen que se descompone. Sánchez gobierna sin mayoría real, en minoría parlamentaria, agarrado a un sillón que ya no le corresponde. Su legislatura es un cadáver político: corroído por los escándalos de corrupción, la entrega de España a los enemigos de la unidad nacional y una deriva autoritaria que ya nadie disimula. Junts, incluso, le ha dado la espalda en este lance. Hasta sus socios de conveniencia empiezan a oler la derrota.
El Congreso no es el cortijo particular de Sánchez ni Armengol su capataz. Impedir que se debata y vote sobre algo tan elemental como la exigencia de elecciones anticipadas es un ataque frontal a la democracia. Revela pánico. Revela debilidad. Revela que este presidente no tiene proyecto para España, solo el instinto de supervivencia del que se sabe sentenciado.
Sánchez puede vetar mociones, puede manipular la Mesa, puede esconderse. Pero no puede ocultar eternamente la realidad: su tiempo se ha acabado. Cuanto antes lo asuma, menos daño hará a España. El miedo a las urnas no detiene la historia; solo la acelera. Elecciones ya. Punto final a esta pesadilla autoritaria.