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Zapatero, acorralado: lo niega todo, pero el juez no le cree ni una palabra

El magistrado ha sido meridianamente claro: el ex presidente “no ha logrado desvirtuar los indicios racionales de criminalidad” expuestos en el auto de imputación, que provienen de “diversas y distintas fuentes de prueba”

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, llega a la Audiencia Naciomal

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, llega a la Audiencia Naciomal

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José Luis Rodríguez Zapatero llegó este miércoles a la Audiencia Nacional en una posición ya delicada, imputado por hasta siete presuntos delitos en el marco del caso Plus Ultra y la pieza separada de las joyas. Salió de allí en una situación aún peor. Tras más de tres horas de declaración ante el juez José Luis Calama, el magistrado ha sido meridianamente claro: el ex presidente “no ha logrado desvirtuar los indicios racionales de criminalidad” expuestos en el auto de imputación, que provienen de “diversas y distintas fuentes de prueba”.

Es decir, su comparecencia no sirvió para aclarar nada relevante. Al contrario, ratificó las sospechas que ya pesaban sobre él. Zapatero negó haber influido en el rescate de Plus Ultra por 53 millones de euros, se desmarcó de las actividades de su entorno y reconoció únicamente que Julio Martínez Martínez hacía informes para su consultora Análisis Relevante. Pero no aportó elementos que desmontaran la estructura de tráfico de influencias que el juez le atribuye: una red “estable y jerarquizada” con intermediarios, sociedades instrumentales, documentación simulada y canales opacos para canalizar pagos.

Tampoco brilló por su colaboración. Se limitó a responder a su propio abogado y, de forma parcial, al juez. Rehusó contestar a las preguntas de la Fiscalía y de las acusaciones populares. Y, sobre las famosas joyas valoradas en más de 1,3 millones de euros halladas en su despacho durante los registros del 19 de mayo, optó por el silencio. No parece precisamente la actitud de quien asegura querer “aclararlo todo”.

El juez Calama rechazó imponer medidas cautelares —retirada de pasaportes, comparecencias o prisión— argumentando el arraigo y visibilidad pública de Zapatero, que alejan el riesgo de fuga o destrucción de pruebas. Pero eso no equivale a una absolución ni mucho menos. El magistrado subraya que la investigación sigue en fase embrionaria y que los indicios —mensajes intervenidos, transferencias, dispositivos electrónicos y la propia tasación de las joyas sin trazabilidad fiscal— se mantienen intactos.

Mientras tanto, la maquinaria mediática afín al Gobierno ha activado el modo habitual: una realidad paralela en la que Zapatero ha salido “victorioso” y el juez está a punto de pedirle disculpas. Portavoces y tertulianos sincronizados repiten que todo es un montaje, que no hay nada, que es persecución política. Casi enternecedor, si no fuera tan previsible y tan dañino para la credibilidad de las instituciones.

La opinión pública puede formarse su juicio, y lo está haciendo. Pero en un proceso penal lo que cuenta es la prueba. Y la prueba, por ahora, no ha sido desvirtuada. Zapatero tiene por delante un calvario judicial que él mismo ha contribuido a agravar con su falta de transparencia. Negarlo todo, callar sobre lo esencial y confiar en que la “opinión sincronizada” lo salve no parece la mejor estrategia.

El juez Calama ha sido claro: los indicios persisten. La investigación continúa. Y Zapatero, lejos de haber aclarado su posición, sale de la Audiencia Nacional más acorralado que nunca. La Justicia, por fortuna, sigue su curso sin dejarse impresionar por los titulares ni por las presiones.

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