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Benjamín López

Benjamín López

EnfoquES del director

Sánchez, cercado, guarda la traca final para intentar seguir en La Moncloa: romper España en una nación de naciones

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Pedro Sánchez siempre ha demostrado una extraordinaria capacidad para la supervivencia política. Cuando parece acorralado, encuentra una nueva pantalla que superar. Y cuando los escándalos, las investigaciones judiciales, la erosión de sus socios o el desgaste de una legislatura agotada amenazan con derribarle, acostumbra a sacar de la chistera una iniciativa capaz de alterar el tablero político.

Por eso conviene escuchar con atención algunas de sus últimas palabras. No parecen improvisadas. Tampoco casuales.

En las últimas semanas, el presidente ha vuelto a deslizar referencias a la plurinacionalidad, ha insistido en la necesidad de culminar los acuerdos pendientes con Junts y ha recuperado expresiones que durante años han formado parte del argumentario de los nacionalismos periféricos: la idea de España como una “nación de naciones”. Una formulación que no es nueva en el pensamiento político de Sánchez y que ya defendió dentro del PSOE mucho antes de llegar a La Moncloa.

La pregunta es por qué reaparece ahora.

La respuesta puede ser inquietante. Con una legislatura sostenida por respiración asistida, una mayoría parlamentaria cada vez más inestable y Junts elevando la presión sobre el Gobierno por el incumplimiento de compromisos adquiridos, Sánchez necesita ofrecer algo de enorme valor político a quienes siguen teniendo en sus manos su continuidad.

Y ese algo podría ser precisamente la apertura de un proceso político destinado a redefinir el modelo territorial español. No necesariamente mediante una reforma constitucional inmediata, o sí porque Sánchez no tiene límites, pero sí a través de una reinterpretación progresiva del Estado que consolide privilegios diferenciales, bilateralidades permanentes y el reconocimiento político de distintas “naciones” dentro de España. Es decir, consumar una reforma constitucional por la via de los hechos, no de los votos.

Sería la última gran moneda de cambio. La traca final.

Porque cuando Sánchez habla de plurinacionalidad ya no parece estar describiendo una realidad. Parece estar insinuando una hoja de ruta. Una más de las que nunca reconoce hasta que ya están en marcha. Y, visto lo visto en estos años, sería imprudente pensar que se trata simplemente de un debate académico o de una licencia retórica.

Quizá sea, en realidad, el precio que está dispuesto a pagar para seguir un día más en La Moncloa.

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