la mirilla
La Justicia no necesita hinchas

Alberto Di Lolli. 24/6/2024, Madrid. El juez Juan Carlos Peinado, que investiga la causa contra la esposa del Presidente Pedro Sanchez, Begona Gomez
Todos queremos influir en la Justicia. Aunque no lo reconozcamos. En realidad, la contemplamos como si fuese un partido de fútbol. Cada cual con su camiseta. Si el juez decide a favor de los nuestros, aplaudimos. Si falla en contra, protestamos. Si la resolución perjudica al adversario, celebramos. Si le beneficia, hablamos de conspiraciones.
La política, por supuesto, alimenta esa tentación cada día. Los partidos presionan. Opinan sobre procedimientos en marcha. Dictan sentencias antes que los tribunales. Acusan a los jueces de estar vendidos cuando no les gusta una resolución y los convierten en héroes cuando les resulta favorable. Es un juego peligroso.
Porque la Justicia no está para agradar a nadie. Ni para servir al Gobierno. Ni para servir a la oposición. Ni para satisfacer a los comentaristas de televisión ni a las redes sociales.
Su obligación es otra. Aplicar la ley. Por eso existen distintas instancias judiciales. Por eso hay recursos. Por eso hay tribunales superiores. Porque el sistema está diseñado precisamente para corregirse a sí mismo.
La independencia judicial no consiste en que todos los jueces acierten siempre. Consiste en que nadie desde fuera pueda decirles lo que tienen que decidir. Ni un ministro. Ni un partido. Ni un periódico. Ni una manifestación. Ni siquiera una mayoría social.
En una democracia sana son los órganos de gobierno de la Justicia los que deben gestionar la carrera judicial. Son los tribunales los que revisan las decisiones de otros tribunales. Son las leyes las que fijan las reglas.
Lo contrario es abrir la puerta a que cada sentencia dependa del poder de presión de quien grita más fuerte. Y entonces dejaríamos de tener Justicia para tener algo mucho peor: una competición política disfrazada de toga.
Quizá por eso conviene recordar algo elemental. Los jueces no están para darnos la razón. Están para dársela al Derecho.
A.M. BEAUMONT