De lehendakari a felpudo

El portavoz del PSOE en el Congreso, Patxi López.
Se puede defender a alguien por puro convencimiento, por peloteo o por miedo a terminar en la calle a la primera de cambio, y en cualquiera de los tres casos, hacerlo de una manera vehemente siempre y cuando se mantenga una pizca de dignidad. Lo que no se puede hacer, sea cual sea el motivo, es el ridículo. Y la histriónica intervención de Patxi López en el Congreso en defensa de Begoña Gómez es el ejemplo más claro y la demostración empírica de que la vergüenza ajena no tiene color político.
Seguro que sus golpes de pecho y ese grito desgarrado de “¡Yo con Begoña!”, más propio de un actor de tercera pasado de Red Bull que de un portavoz parlamentario de fuste, arrancaron lágrimas de emoción a su mujer, más que nada porque ella también responde al nombre de la virgen vasca, y es bonito pensar que tu marido se está partiendo el cobre por ti, aunque en realidad esté hablando de la esposa del jefe. Pero para el resto de los mortales el sentimiento fue muy parecido al que te asalta cuando ves a un tío lejano emborracharse en una boda e intentar bailar breakdance.
Escuchando a Patxi en su memorable intervención, una no puede dejar de encontrar un cierto paralelismo entre Pedro Sanchez y Franz Kafka. Y es que si el genio checo creó su novela más vendida transformando a Gregor Samsa en un escarabajo monstruoso, Pedro Sánchez ha logrado una metamorfosis política no menos llamativa: la de convertir a todo un exlehendakari en un felpudo al que solo le ha faltado romperse la camisa como Camarón.