¡Menuda inventada!

El presidente del Partido Popular, Alberto Núñez Feijóo
España asiste a un momento político que ningún demócrata debería normalizar. Lo que denunció Alberto Núñez Feijóo en sede parlamentaria no fue una exageración retórica, sino la descripción, cruda y documentada, de un deterioro institucional sin precedentes. Señaló a Pedro Sánchez como el nexo político corruptor de un sistema que, según las causas judiciales abiertas, ha operado en su entorno más inmediato, en su Gobierno y en su partido.
Quince casos, diecinueve delitos, un centenar de imputados y una sentencia histórica de 24 años de cárcel contra un exministro por robar desde su cargo. Todo ello pesa hoy sobre los hombros del presidente del Gobierno. Feijóo no habló de oídas. Habló de hechos. Y por eso preguntó, mirándole directamente: “¿Qué hace todavía ahí en el escaño de presidente del Gobierno?”. Porque, como recordó, este Ejecutivo no ha mejorado la vida de los españoles, sino la de su gente.
Lo único que se esperamos los españoles, a estas alturas, de Sánchez es que las disuelva y devuelva la palabra a los ciudadanos. El líder del PP fue más allá al recordar que quienes han delinquido alrededor del presidente lo han hecho porque le conocen. Porque fue el aún presidente del gobierno quien puso el Estado en manos de “gentuza”, quien jamás combatió la corrupción y quien la está amparando hasta el último día.
La pregunta ya no es si Sánchez conserva la confianza para gobernar, eso está descartado, sino por qué España debe seguir soportando que el inquilino de la Moncloa actúe como si la tuviera. Feijóo reivindicó un listón ético sencillo, pero hoy casi revolucionario, no meter la mano en la caja. Ni él, ni los miembros de sus gobiernos. Y recordó la ironía histórica con la que Sánchez se presentó a la moción de censura de la mano del condenado por corrupción Ábalos, limpiar de corrupción la política. Y lo más vergonzoso es que los socios, que apoyaron a Sánchez en este viaje, otorgaron su confianza a Sánchez para garantizar la “limpieza institucional”, y ahora callan con mirada cómplice.
Sánchez, mientras habla de “inventadas”, “conspiraciones”, “golpe judicial”, e incluso de “trama internacional”, ha convertido a la Moncloa y a la sede socialista de Ferraz en la sucursal de la “cueva de Alí Babá”, ya que seguramente llegaremos a ver a los “cuarenta ladrones” sentados ante los Tribunales de Justicia.
Pero lo que no quieren recordar Rufián, Yolanda Díaz, y el resto de los socios es que el ponente de la moción de censura de la “limpieza” fue Ábalos y que dieciocho días después, según las investigaciones, ya estaban usando ese poder que le habían dado para crear una organización criminal. Robaron incluso en pandemia. Y hasta el “faro moral” del sanchismo, José Luis Rodríguez Zapatero, está hoy imputado. ¿De verdad eso puede digerirse sin consecuencias?, ¿de verdad los partidos que apoyan al gobierno pueden soportar el fétido olor del gobierno sin inmutarse?. El presidente del PP fue claro: desde que Sánchez llegó a La Moncloa ha existido en el PSOE y en el Gobierno “un sistema organizado de corrupción, jurídicamente delictivo, políticamente intolerable y moralmente repugnante”. Un sistema que operó para beneficiar a los suyos y para proteger al propio presidente. ¿Ese es el “lado correcto de la historia” desde el que Sánchez pontifica?.
Los hechos dicen lo contrario: está en el lado incorrecto de la ley, y su defensa política es ya imposible. Las víctimas de este Gobierno no son los imputados, ni los ministros caídos, ni los asesores detenidos. Las víctimas somos los españoles. Y eso convierte a Sánchez en el principal agresor. Cada día que pasa sin convocar elecciones es una agresión más a la Nación.
El líder del PP también advirtió a los socios del Gobierno: quienes fueron aliados hoy son cómplices. Y la pregunta clave sobrevoló el hemiciclo en el debate del miércoles pasado, ¿Qué prefieren la decencia o prefieren mantener un Gobierno corrupto que miente?, sin duda los socios deben asumir la responsabilidad de decir basta ya. Y quienes hoy se ríen en el hemiciclo deberían preguntarse qué estarían diciendo si todo esto lo protagonizara otro Gobierno y otro presidente.
La decencia no es opcional ni puede convertirse en algo intermitente según pueda aprovecharme o no del indecente, porque esa laxitud te convierte en un corrupto moral, y eso lo pagarán en las urnas, tato el gobierno indecente como el cooperador necesario de que continúen corrompiendo.
No podemos olvidar que ante el cúmulo de causas judiciales que avergüenzan a toda España, el inicio de la resistencia la marcó el propio Sánchez con la frase “menuda inventada” y la plasmó en sede parlamentaria el portavoz socialista Patxi López con la frase “Begoña somos todos”, frase que resume el suicidio de la secta que en estos momentos se sienta en los escaños del grupo socialista.
Sánchez sacando pecho en su comparecencia afirmando que no ha existido la corrupción en el PSOE y si ha existido no es culpa de él, me recuerda a la frase de Groucho Marx: “¿A quién va usted a creer, a mí o a sus propios ojos?”. ¡Qué vergüenza!