la mirilla
Sánchez hunde al PSOE por debajo de los 100 diputados

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez,2 de julio de 2021, en el Palacio de La Moncloa, Madrid.
Hay encuestas capaces de vaticinar un profundo cambio político. La publicada este lunes por NC Report para La Razón es de ese tipo. Según este sondeo, muy certero siempre, el PSOE caería por debajo de los 100 diputados. Un dato que, más allá de su valor demoscópico, simboliza el profundo desgaste de un proyecto político que hace tiempo dejó de ilusionar incluso a una parte importante de quienes lo respaldaron.
El Partido Popular ampliaría con claridad su ventaja y, junto a Vox, alcanzaría cerca de 210 escaños. No sería únicamente una mayoría absoluta. Sería una mayoría de una dimensión desconocida en los últimos años, interpretada por muchos españoles como la necesidad de abrir una nueva etapa política y afrontar una regeneración institucional que consideran inaplazable.
Hay un dato especialmente revelador. Casi el doce por ciento de quienes votaron al PSOE en las últimas elecciones optarían hoy por Alberto Núñez Feijóo. No hablamos de un simple trasvase entre partidos. Es la constatación de que una parte del electorado socialista ha dejado de reconocer a las siglas que entregó su confianza.
Al mismo tiempo, Sumar continúa perdiendo peso hasta acercarse a la irrelevancia parlamentaria. La izquierda en su conjunto aparece en claro retroceso, incapaz de ofrecer un relato convincente o una alternativa al desgaste de un Gobierno que vive instalado en la defensa permanente.
Porque ese es, probablemente, el mayor problema de Pedro Sánchez. Hace mucho que dejó de gobernar para dedicarse exclusivamente a sobrevivir. Toda la acción política parece girar alrededor de su propia resistencia. El país queda relegado a un segundo plano.
Mientras tanto, los casos de corrupción continúan erosionando la credibilidad del PSOE. Las investigaciones judiciales se acumulan. La estrategia consiste en cerrar filas con los dirigentes señalados, desacreditar a jueces, fiscales, policías o medios de comunicación cuando las resoluciones resultan incómodas y convertir cualquier crítica en una supuesta conspiración contra el Gobierno.
A ello se suma una utilización cada vez más partidista de instituciones que deberían permanecer al margen del combate político, una legislatura prácticamente agotada en la que apenas salen adelante iniciativas de calado y una permanente política ideológica de bloques que busca dividir a los españoles entre buenos y malos según su afinidad con el poder.
Naturalmente, una encuesta no decide unas elecciones. Las urnas tienen la última palabra. Pero los sondeos sirven para tomar el pulso a la sociedad. Y la fotografía que refleja este estudio es inequívoca. El problema del presidente ya no es únicamente la oposición. Tampoco los escándalos que cercan a su entorno político y personal. El verdadero problema es que pierde la confianza de quienes un día creyeron en él.
Cuando un gobernante deja de convencer incluso a los suyos, la cuenta atrás ha terminado. Delante tiene un país que percibe a un Gobierno que solo lucha por mantenerse en el poder, la demanda de cambio deja de ser una consigna de partido para convertirse en un sentimiento social.
Quizá por eso el dato más importante de esta encuesta no sea que el PSOE baje de los 100 diputados. Lo verdaderamente relevante es que cada vez son más los españoles que parecen haber llegado a una conclusión muy sencilla: España necesita pasar de pantalla.
A.M. BEAUMONT