editorial
Sánchez señalado una y otra vez en los casos de corrupción: su imputación no es un delirio
La lista es cada vez más larga y diversa: testimonios de testigos protegidos, documentos policiales, grabaciones y declaraciones bajo juramento. Todos apuntan en la misma dirección: el conocimiento o la tolerancia activa de prácticas irregulares

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.
La declaración del empresario Joaquín Parra ante la Audiencia Nacional este miércoles añade un nuevo y contundente eslabón a la cadena de indicios judiciales que señalan directamente al presidente del Gobierno. Parra relató cómo Leire Díez, la conocida “fontanera” del PSOE, le aseguró que actuaba “en nombre de Pedro” y “de parte del Gobierno” para recabar información comprometedora sobre jueces y fiscales, en particular sobre la magistrada Beatriz Biedma, instructora del caso de su hermano David Sánchez. Cuando el juez le preguntó si “Pedro” conocía esas gestiones, Parra respondió afirmativamente. La justificación que le dio Díez fue reveladora: “Cuando ofenden a tu mujer y tu hermano, con la policía patriótica y la mafia del PP, hay que tomar cartas en el asunto”.
Este testimonio no llega aislado. Se suma al relato de Víctor de Aldama, que sitúa a Pedro Sánchez como “el número 1” de la trama del caso Koldo, por encima incluso de José Luis Ábalos. Aldama ha declarado que los ministros cogían el teléfono a Koldo García “porque era un hombre de Pedro Sánchez” y que el propio presidente le dio las gracias personalmente en un encuentro en el Teatro de La Latina por “todo lo que estás haciendo”. Informes de la UCO, agendas intervenidas con referencias a “P.S.” y reuniones en Moncloa con Juan Carlos Barrabés para asuntos vinculados a Begoña Gómez completan un cuadro que ya no puede despacharse como mera especulación de la oposición.
La lista es cada vez más larga y diversa: testimonios de testigos protegidos, documentos policiales, grabaciones y declaraciones bajo juramento. Todos apuntan en la misma dirección: el conocimiento o la tolerancia activa de prácticas irregulares en el entorno más cercano al presidente. Pretender que hablar de su posible imputación es un delirio de la derecha es negar la realidad de los sumarios. La justicia española, lenta pero inexorable, está acumulando pruebas que ya no dependen de filtraciones ni de relatos partidistas.
Sánchez puede seguir negando y atacando a los jueces, pero los hechos judiciales no se desvanecen con comunicados. Su imputación no es un deseo político: es la consecuencia lógica de una acumulación de señales que, una tras otra, le sitúan en el centro de la trama. La pregunta ya no es si llegará, sino cuándo y con qué alcance.