la mirilla
La verja de Gibraltar, otra burla de Sánchez a la democracia

Operarios retiran la Verja de Gibraltar este pasado miércoles.
Pedro Sánchez asistió ayer a la retirada de la verja de Gibraltar. La imagen fue bien cuidada por el aparato mediático monclovita.
Habrá quien considere que el acuerdo alcanzado con el Reino Unido es beneficioso para España y habrá quien piense exactamente lo contrario. Es una discusión legítima.
Pero hay otra pregunta previa que casi está pasando despercibida.
¿Cómo es posible que un cambio de esta envergadura se escenifique sin que antes se haya producido un gran debate en el Congreso de los Diputados?
No hablamos del arreglo de una carretera, de una subvención o de un reglamento administrativo. Hablamos de Gibraltar. De una cuestión de Estado que lleva más de tres siglos formando parte de la política exterior española y de nuestra propia historia.
El Parlamento representa la soberanía nacional. Allí deberían confrontarse los argumentos del Gobierno y de la oposición antes de que los acontecimientos se conviertan en irreversibles. No porque el Gobierno carezca de competencias para negociar, sino porque la democracia no consiste únicamente en firmar acuerdos. También exige explicarlos, defenderlos y someterlos al escrutinio de los representantes de los ciudadanos.
Últimamente todo parece hacerse así. Los grandes asuntos llegan ya envueltos para regalo. Primero la fotografía. Después la propaganda. Y, si queda tiempo, alguna explicación.
Quizá el acuerdo sea magnífico. O quizá no. Pero una democracia madura no debería acostumbrarse a debatir después de que las decisiones ya estén tomadas.
Con Pedro Sánchez, por desgracia, el Parlamento ha dejado de ser el lugar donde se discuten los asuntos de Estado para convertirse en un simple espectador. Otra burla más a los modos democráticos.
A.M. BEAUMONT