editorial
Zapatero cae y Sánchez queda expuesto: el mediador y el ejecutor
El propio ‘Julito’ detalla que “marcaba los pasos a seguir”, que estaba “puntualmente informado de todos los avances” y que fue él quien, el 26 de febrero de 2021, comunicó que la SEPI iba a conceder el crédito
El expresidente del Gobierno, José Luis Rodriguez Zapatero.
Las confesiones remitidas este lunes al juez José Luis Calama por Julio Martínez Martínez, ‘Julito’, y por el presidente de Plus Ultra, Julio Martínez Sola, han asestado un golpe definitivo a la estrategia de defensa de José Luis Rodríguez Zapatero. Ambos reconocen sin ambages que el expresidente actuó como intermediario en el rescate de 53 millones de euros concedido por la SEPI a la aerolínea en marzo de 2021. Admiten que pagaron una comisión del 1% —alrededor de 530.000 euros— a través de sociedades vinculadas a Martínez, sabiendo que el dinero iba destinado a las gestiones de Zapatero.
El propio ‘Julito’ detalla que Zapatero “marcaba los pasos a seguir”, que estaba “puntualmente informado de todos los avances” y que fue él quien, el 26 de febrero de 2021, comunicó que la SEPI iba a conceder el crédito, días antes de que el Consejo de Ministros lo aprobara formalmente el 9 de marzo. Zapatero, que había negado cualquier intermediación, queda penalmente hundido. Su palabra ya no vale nada ante la Justicia.
Pero la caída de Zapatero deja al descubierto algo mucho más grave para el Gobierno. El rescate de Plus Ultra no lo concedió un funcionario ni un organismo técnico autónomo: lo aprobó el Consejo de Ministros. Solo el Ejecutivo presidido por Pedro Sánchez podía autorizar esa inyección de dinero público. Por tanto, la pregunta ineludible es: ¿ante quién intermedió Zapatero para que ese rescate —rodeado desde el principio de sombras, prisas y preferencias inexplicables— saliera adelante?
La respuesta apunta directamente a Moncloa. Sánchez depende ahora de la voluntad de Zapatero. Si el expresidente decide colaborar con la Justicia y relatar ante quién y cómo ejerció su influencia, el presidente quedará irremediablemente expuesto. Probablemente lo esté incluso sin esa colaboración. Porque la mera existencia de un mediador de su peso cobrando por un rescate que solo el Gobierno podía conceder ya sitúa a Sánchez en el centro de la tormenta.
El mediador cae. El ejecutor queda al descubierto. Y la cuenta pendiente con la verdad sigue abierta.