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Esteban Goti

El PP Vasco: una alternativa real

El presidente del PP vasco, Javier de Andrés

El presidente del PP vasco, Javier de AndrésEUROPA PRESS

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Los populares vascos siempre hemos afrontado la necesidad de dar a conocer cuáles son las prioridades que orientan nuestra acción política. Es vital, sobre todo en este momento tan crítico, en que se rechaza espuriamente la alternancia en los gobiernos. Se trata de convertir la democracia en una situación estática. Al mismo tiempo, y de forma conectada, vivimos horas bajas para la libertad de expresión y el debate abierto con ideas diferentes. 

Sucede lo mismo con la libertad informativa, porque se ha querido encapsular la atmósfera del ejercicio profesional de los medios de comunicación. Y es que, desde que Pedro Sánchez y sus compañías aterrizaron en el Gobierno, nos metieron en un clima de enfrentamiento descarnado. El PP Vasco no va a entrar en ese juego. Es la propia supervivencia del sistema democrático la que nos lo exige.

La prioridad del Partido Popular Vasco es contribuir a la estabilidad y el crecimiento de esta sociedad. Los vascos debemos tener derecho a respirar el aire como todos los demás, sin peajes. Estamos convencidos de que los vascos no somos reos de vivir en este ambiente. La constante provisionalidad para definir lo que somos, y otras cuitas del nacionalismo, es tremendamente perjudicial. 

Lamentablemente, ya estamos envueltos de nuevo en este bochorno en que parece no moverse una hoja, pero el PP Vasco está comprometido con las corrientes de aire fresco. ¡Claro que el PP Vasco muestra su total disposición a estudiar un nuevo Estatuto! Pero con premisas claras: fortalecimiento de las libertades personales, igualdad de oportunidades para construir Euskadi, adecuación de nuestra normativa a las necesidades cotidianas de los ciudadanos, tanto en su relación con los servicios públicos, como para desarrollar su profesión, así como normalidad, más que normalización, en el tratamiento de nuestras lenguas oficiales.

Volver a poner el acento de un nuevo marco estatutario en la consideración de Euskadi como nación o adecuar nuestra riqueza lingüística al gusto de la ideología, no sólo incumpliría la legalidad, sino que, de hecho, nos roba mucho tiempo. ¿Acaso no lo saben sus promotores? Así viven mejor, pues se postergan los problemas diarios, que son los que deberían acometer quienes gobiernan las Instituciones: ¿Qué tal si nos volcamos en mejorar la Educación de la mano de nuestros docentes y no sólo con grupos predefinidos por la Consejería? ¿Qué les parece si reactivamos Osakidetza con el personal sanitario que está en la primera línea de atención? ¿Nos tomamos en serio la convivencia democrática? ¿Nos ponemos serios para que la alta velocidad llegue a Euskadi con un calendario? ¿Apostamos, de verdad, por una revitalización emprendedora y por el trabajo como divisa del País Vasco?

Los populares vascos estamos en esos cometidos. Precisamente, ésta es la razón por la que vamos a luchar en aras de que no se consolide un Pacto del Tinell adaptado a Euskadi, que desde hace tiempo se quiere imponer sobre nuestra formación política. ¿Se han fijado, por ejemplo, en que se evita mencionar al PP Vasco, cuando se expresa quiénes deberían estar en ese proyecto de nuevo Estatuto? ¿Olvido? No, es vaporización, con permiso de Eric A. Blair (George Orwell).

Casi todo tiene una explicación, y está claro que el paso cortado al Partido Popular Vasco obedece a una red de intereses. En la política vasca hay una red clientelar que teme cualquier variación del rumbo de la nave. Nosotros no podemos hacernos cargo de este tinglado. No lo hemos creado nosotros, y no vamos a construir uno propio. El PP Vasco es la alternativa, no la copia a otro color de cuanto criticamos. Nosotros no pedimos adhesión a nuestra causa para garantizar un puesto aquí o una prebenda allá.

Es lógico que las relaciones feudales imperantes en esta tierra busquen invisibilizar al PP Vasco, pero no se han dado cuenta de que este partido ha soportado lo innombrable bajo el hacha del terrorismo y su entereza no se tambaleó entonces, ni mucho menos lo hará ahora.

Los populares vascos queremos instituciones al servicio de los ciudadanos, no de nuestro partido; deseamos que haya prosperidad y promoción de todos, en lugar de una frívola lucha de clases e ideologías, cuyo objetivo es que haya personas dispuestas a ser carne de cañón. Se ha jugado espuriamente al todo o nada, a desacreditar la democracia representativa, la Constitución, a señalar la insuficiencia del Estatuto de Autonomía para ser vascos plenamente. En suma, desechar el modelo político que más concordia ha generado en este país.

Somos un partido de personas para personas. No concebimos la sociedad como una masa a la que dirigir, sino como la reunión de seres humanos concretos. Nosotros no los colocamos en el centro, ya están en él, sin permiso. Por propio derecho, cada hombre, mujer, niño y mayor está en el núcleo de la comunidad, en ese lugar primordial de la vida colectiva. Éste es el programa del PP Vasco.

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