El ocaso de un despreciable farsante llamado Zapatero

El expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero.
Cuando en el año 2000 Zapatero llegó a la dirección de la Secretaría General del PSOE se puede decir que era un perfecto desconocido para la gran mayoría de la sociedad española. Sin embargo, presumiendo de buen talante, apelando al diálogo social y exhibiendo permanentemente una sonrisa un tanto impostada que junto a sus arqueadas cejas daban a su rostro una vis cómica semejante a la de Mr. Bean, más pronto que tarde Zapatero se granjeó las simpatías del pueblo español, llegando al punto de ganarse el apodo de Bambi como expresión simbólica de su aparente bonhomía.
De esta forma pasó el tiempo, sin destacar particularmente por su puesta en escena política, hasta que llegó la convocatoria de las elecciones generales del 14 de marzo de 2004, presentándose a las mismas con escasas expectativas de éxito. Sin embargo, pocos días antes de la celebración electoral, concretamente el 11 de marzo de 2004, apareció un cisne negro en forma de atentado yihadista en la red de trenes de Cercanías de Madrid, donde fallecieron 192 personas y resultaron heridas alrededor de 2.000 personas. A partir de ese momento la izquierda política, sindical y mediática promovió una descomunal campaña de agitación y propaganda, básicamente consistente en culpabilizar de forma espuria al Gobierno de José Mª Aznar de ser el inductor de los atentados. De estas forma, después de tres días incendiando las calles, se produjo un vuelco electoral a resultas del cual el PSOE ganó las elecciones y Zapatero fue nombrado presidente del Gobierno de España.
A partir de ese momento Zapatero fue progresivamente dejando de ser Bambi, para convertirse en un muñeco diabólico obsesionado con destruir el régimen democrático surgido a raíz de la aprobación de la Constitución del 78. Así, en el ámbito legal, promulgó la llamada Ley de Violencia de Género, la cual básicamente consistió en eliminar el principio de igualdad ante la ley entre hombres y mujeres, criminalizando al hombre, victimizando a la mujer y suprimiendo la carga de la prueba, a pesar de lo cual la tasa de agresiones sexuales no disminuyó ni un ápice, entre otras cosas porque la protección de la mujer verdaderamente maltratada no contaba con la necesaria dotación presupuestaria. A su vez, el Gobierno socialista impulsó la aprobación de la Ley de Memoria Histórica, la cual era un bodrio liberticida, sectario, maniqueo y guerracivilista, que tuvo como inevitable consecuencia reabrir viejas heridas ya cicatrizadas y volver a dividir a la sociedad española en dos bloques irreconciliables.
Pero la cosa no terminó ahí, sino que Zapatero inició un proceso de revitalización de las ansias independentistas de catalanes y vascos, con la finalidad de reconfigurar un nuevo Frente Popular, a pesar de que ello suponía romper las costuras de la nación española. Así, aun cuando ETA estaba absolutamente derrotada debido a la actuación policial durante los sucesivos gobiernos de Felipe Gonzáles y José Mª Aznar, Zapatero optó por blanquear a ETA impulsando la legalización del entramado abertzale representado pro EH-Bildu y por dar oxígeno al apagado movimiento independentista catalán asegurando que apoyaría una reforma del Estatuto catalán, que finalmente no fue aprobada por el Parlamento debido a que muchos de sus postulados eran radicalmente anticonstitucionales, lo cual, como estaba previsto, exacerbó los ánimos del bloque independentista radical, al cual se sumó por despecho buena parte del catalanismo moderado.
Evidentemente, ante este panorama, la tensión en las calles fue en aumento, hasta que la situación estalló como consecuencia de la crisis financiera de 2008 derivada del estallido de la burbuja inmobiliaria. A pesar del calado internacional de la crisis, Zapatero restó durante meses gravedad al problema, argumentando que en España no había un problema de fondo, sino que simplemente se trataba de un proceso de desaceleración económica. Con este erróneo planteamiento de base Zapatero inició una serie de políticas de marcado carácter expansivo que tan solo dieron lugar a un aumento del déficit y la deuda pública y a una tasa de paro superior al 20%. Finalmente, como fruto de su manifiesta incompetencia gestora, en mayo de 2010 Zapatero se vio obligado a llevar a cabo el mayor recorte en prestaciones sociales de la historia de la democracia española, de tal forma que redujo el sueldo de los funcionarios en un 5%, congeló las pensiones contributivas y redujo drásticamente la inversión pública. Ante su creciente impopularidad y su incapacidad para solventar el desastre económico y social que sus políticas habían provocado Zapatero convocó elecciones en 2011 y se retiró del primer plano de la política nacional.
Ya como expresidente Zapatero se dedicó a ganarse la confianza de los principales dirigentes de la narcodictadura venezolana, logrando convertirse en embajador plenipotenciario del chavismo en Europa. Su misión consistía en blanquear los atroces crímenes perpetrados por Nicolas Maduro y su banda de delincuentes, mientras hacía oídos sordos a los lamentos de los familiares de los miles de presos políticos encarcelados en centros de tortura como El Helicoide y justificar en la escena internacional todo tipo de actuaciones antidemocráticas del criminal régimen bolivariano, realizando todo ello a cambio de importantes sumas de dinero negro presuntamente vinculado a la venta ilegal de hidrocarburos y al narcotráfico. A su vez, de manera progresiva se fue acercando al núcleo duro del sanchismo, hasta convertirse en el asesor áulico de Pedro Sánchez y alma mater del régimen sanchista. De esta siniestra forma Zapatero no solo engordó su patrimonio, sino que, de una manera difícilmente comprensible, alcanzó el estatus de referente moral de la izquierda, lo cual habla bien a las claras de las carencias morales e intelectuales que actualmente padece el socialismo español en todos sus estratos.
Sin embargo, todo el castillo de naipes montado por Zapatero se vino abajo cuando, tras la investigación de la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales (UDEF), el juez de la Audiencia Nacional José Luis Calama le acusó formalmente de tráfico de influencias, blanqueo de capitales, falsedad documental y pertenencia a organización criminal, debido al cobro de comisiones ilegales por su participación en el rescate de la aerolínea Plus Ultra. Inicialmente Zapatero, como era de esperar, negó los hechos, contando en todo momento con el respaldo de los principales líderes del Partido Socialista. No obstante, demostrando tácitamente su culpabilidad en todos y cada uno de los delitos que se le imputan, Zapatero para su defensa no contrató a un abogado penalista que buscara demostrar su inocencia, sino que se puso en manos de un abogado procesalista con la evidente intención de conseguir la nulidad del proceso. No obstante, como la mentira suele tener las piernas muy cortas, también en este caso la estrategia de Zapatero se vino abajo cuando en la caja fuerte de su despacho de la calle Ferraz la UDEF encontró numerosas joyas valoradas en 1.300.000 euros por la prestigiosa Joyería Ansorena. Ante tan embarazosa situación Zapatero no ha sido capaz de demostrar su procedencia ni tampoco ha podido explicar al juez por qué no declaró su pertenencia a Hacienda, razón por la cual el juez ha abierto una pieza aparte acusándole de delito fiscal y contrabando. En cualquier caso el golpe de gracia a Zapatero se lo han asestado su testaferro, Julio Martínez Martínez, así como Julio Matínez Sola y Roberto Roselli, presidente y CEO de Plus Ultra respectivamente, al declarar todos ellos en sede judicial que Zapatero, debido a su labores de intermediación con el Gobierno de Pedro Sánchez para conseguir el rescate de Plus Ultra, había recibido de la aerolínea la suma de 530.000 euros, los cuales se corresponden con el 1% de los 53 millones de euros que le costó a la SEPI, es decir, al erario público dicho rescate.
En conclusión, Zapatero, como el dios Jano, presenta dos caras bien distintas, la pública y la privada. Así, en público se erigió en guardián de las esencias socialistas, mientras que en privado aceptó participar en turbios negocios para hacerse millonario. No debe extrañar por tanto el que, con una falta de escrúpulos fuera de lo común, Zapatero definiera a los socialistas como “aquellas personas que tienen muy poco, pero están dispuestas a dar mucho”, al mismo tiempo que en su despacho oficial escondía joyas valoradas en más de un millón de euros, que por supuesto no pensaba ofrecer a esa manada de menesterosos que el socialismo produce cuando accede al poder. Afortunadamente, el Poder Judicial, auténtico baluarte de la democracia y el Estado de Derecho, ha puesto las cosas en su sitio al desenmascarar a tan despreciable personaje, provocando el ocaso de un farsante, que desde la hipocresía más absoluta pretendió dar lecciones de moralidad, cuando en realidad solo puede enseñar cómo funciona el inframundo de la delincuencia y el crimen organizado.
según todos los indicios, solo es un vulgar delincuente.