Europa cala a Sánchez: las consecuencias de su modo de gobernar hunden a España ante sus socios
A Pedro Sánchez le han tomado la matrícula en Europa
La gran avalancha de 50.000 a 60.000 inmigrantes que desbordó Ceuta en apenas 48 horas no es solo una crisis fronteriza. Es la exposición pública de la debilidad estructural de un Gobierno que ha convertido la frontera sur de la Unión en un coladero y ha puesto en riesgo la seguridad de todos sus socios.
Italia ha suspendido de facto la aplicación de Schengen con España. Francia quintuplica los controles. Alemania exige devoluciones inmediatas. Dinamarca, Finlandia, Polonia, Chequia y Bélgica piden mayor firmeza y afean sin ambages la política migratoria de Pedro Sánchez. Ursula von der Leyen ha calificado de “inaceptables” las imágenes y ha reclamado frenar de inmediato los cruces.
Mientras el presidente español culpa a las mafias de una “lectura interesada” de una sentencia del Supremo y aplaude la “cooperación” marroquí, Europa le señala directamente: su modo de gobernar –basado en la pasividad, la regularización masiva y la subordinación a Rabat– ha generado un factor de atracción que amenaza el espacio de libre circulación.
Sánchez, en vez de asumir responsabilidades, se permite llamar “insolidarios” a quienes le exigen recuperar el control. Es el colmo de la soberbia de quien ha preferido mirar hacia otro lado mientras Marruecos permitía el cruce y luego “se le iba de las manos”. Resultado: 57 muertos, una ciudad autónoma en shock, el ejército desplegado tarde y una España aislada diplomáticamente.
Es la consecuencia lógica de años de debilidad estratégica, de priorizar gestos ideológicos sobre la soberanía y de tratar Ceuta y Melilla como problemas menores en lugar de fronteras exteriores de Europa. Los socios ya no confían. La avalancha ha calado hondo: España, bajo este Gobierno, no es un socio fiable.
O Sánchez rectifica de raíz o arrastrará al país al ostracismo europeo. La integridad territorial no se defiende con comunicados; se defiende con firmeza. Europa ya lo ha entendido. Falta que lo entienda Moncloa.