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Al menos, dimitirá Grande-Marlaska…

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska

El ministro del Interior, Fernando Grande-MarlaskaA. Perez Meca

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No son necesarias las palabras, las imágenes han retratado al Gobierno. Ceuta es una vergüenza. Un bochorno descomunal.

España ha sufrido una de las mayores vulneraciones de su frontera en su historia. Marruecos ha vuelto a utilizar a miles de personas como instrumento de presión política, consciente de que al otro lado encontraba un Gobierno debilitado y un presidente consumido por su propia supervivencia.

Las crisis nunca llegan solas al sanchismo. Lo preocupante es que casi siempre acaban convertidas en crisis históricas por la incapacidad de los ministros para anticiparse, reaccionar y transmitir autoridad. Ocurrió con la pandemia, con la dana, con los apagones, con los trenes, con los incendios y ahora vuelve a suceder en nuestra frontera sur.

La soberanía de un país empieza por la defensa de sus fronteras. No es una cuestión ideológica, sino una obligación elemental de cualquier Estado. Cuando esa defensa falla, el mensaje que reciben nuestros vecinos es evidente: España es un país vulnerable porque su Gobierno no se entera o, sencillamente, es inútil.

Pedro Sánchez lleva demasiado tiempo concentrado en un único objetivo: resistir un día más en La Moncloa. Vive bunkerizado, pendiente de los múltiples procedimientos judiciales que cercan a su entorno político y familiar y de mantener una mayoría parlamentaria cada vez más precaria. Mientras tanto, los problemas del país siguen acumulándose.

Ceuta no necesitaba un Gobierno preocupado por los titulares del día siguiente. Necesitaba un Gobierno preparado para impedir que la presión migratoria se utilizara como un arma contra España. Y no lo ha tenido.

Ahora llegará el desfile habitual de explicaciones, ruedas de prensa y mensajes tranquilizadores. Quizá incluso se intente presentar lo sucedido como un éxito de la cooperación internacional. Pero la pregunta seguirá siendo la misma: ¿quién asume la responsabilidad de que miles de personas hayan puesto en evidencia la capacidad del Estado para proteger una de sus fronteras y a sus ciudadanos?

La respuesta, por desgracia, parece conocida. Nadie dimitirá. Fernando Grande-Marlaska ha sobrevivido a crisis de toda naturaleza sin que nada altere su continuidad. Y Pedro Sánchez ya tiene la vista puesta en sus vacaciones en La Mareta.

Cuando el único objetivo de un presidente es sobrevivir políticamente, la prioridad deja de ser España.

A. M. BEAUMONT

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