Sánchez comparece: España arde pero yo estoy bien

Pedro Sánchez en su balance de curso
Pedro Sánchez compareció el pasado martes para hacer balance del año político. Sin duda era una comparecencia que había provocado una gran expectación mediática tras la condena de su hermano de sangre David, de su hermano político Ábalos, la imputación de su esposa y de su padre espiritual Zapatero.
Realmente es un momento en el que tanto la España real afronta incendios y la España política está absolutamente incandescente, pero Pedro Sánchez decidió que la mejor respuesta era hablar de sí mismo y de sus triunfos. Es decir, quiso trasmitir la idea de que “España arde, pero yo estoy bien”. Pose que ya utilizó durante la Dana de Valencia tras los altercados de Paiporta.
Lo hace, eso sí, con la serenidad del que sabe que miente y pretende que nadie mire lo que está pasando alrededor. La explicación de esta comparecencia es sencilla: Sánchez vive en una burbuja narrativa donde todo se arregla con un eslogan. Su política es un ejercicio permanente de escapismo. Cuando aparece un problema, él no lo afronta: lo reescribe. Cuando surge un escándalo, no lo explica: lo niega. Y cuando la realidad insiste, él la acusa de ser “tóxica”.
Su personalidad política funciona como un filtro solar: nada que pueda quemarle llega a tocarle. La corrupción que afecta a su entorno no existe, los casos judiciales son conspiraciones ajenas y la responsabilidad es siempre de otro. Así pues, en su último balance de Gobierno, Sánchez volvió a practicar su deporte favorito: hablar sin mencionar lo que todos esperan que mencione.
Enumeró éxitos como quien recita un catálogo de verano, pero evitó cualquier referencia a los incendios políticos e institucionales que arden a su alrededor. Ni rastro de los casos que afectan a su Gobierno, ni una línea sobre la erosión institucional, ni un gesto de humildad.
España arde, pero Sánchez sigue convencido de que el humo es solo una percepción, una molestia atmosférica que se resolverá con otro vídeo en redes, o en un chiste en “tik tok”. Mientras tanto, el país necesita certezas, no relatos; decisiones, no titulares; política real, no hologramas.
Pero Sánchez continúa en su universo paralelo, donde todo va bien… salvo cuando la realidad insiste en recordarle que existe. Y cuando eso ocurre, el presidente reacciona como siempre: pide un pacto, convoca un comité, anuncia un plan, promete un futuro. Todo menos asumir el presente, porque él lo único que pretende es “estar bien”.
España no puede permitirse un Gobierno que confunda la comunicación con la gestión. Los incendios —los del monte y los del BOE— no se apagan con frases redondas. Se apagan con responsabilidad, con previsión, con verdad. Y esa es, precisamente, la materia prima que falta en la Moncloa de Sánchez. Porque a él solo le importa él mismo, estar bien y que la realidad no estropee su bienestar.
Por eso cuando visita un lugar calcinado no quiere empatizar con los sufridos ciudadanos, no sea que alguno pretende pedirle explicaciones de porque decidió gastar 73 millones de euros para el mantenimiento de “su” Falcón y “su” Airbus y canceló la renovación de 10 hidroaviones para la extinción de incendios o porqué su vergonzoso ministro Óscar Puente ha reducido la inversión en carreteras un 97% pese a estar llenas de baches y pueden ser la causa de muertes por siniestros, como nos enteramos todas las semanas.
Ni el estado de las infraestructuras, ni los medios para la lucha contra los incendios, tampoco el aumento de la criminalidad, del coste de los alimentos básicos, la vivienda o la prevención de inundaciones fueron objeto de algún comentario de Pedro Sánchez.
Pero lo que si nos quedó claro es que él está bien y muy satisfecho, que su hermano y su mujer son magníficos profesionales que sufren por su vinculación familiar, que el hecho de que uno no supiera donde trabajaba y la otra se apropiara de bienes propiedad de la Universidad, es un bulo “facha”. También nos dejó claro que, después de defender un mes a Zapatero, ahora ya no es su portavoz.
Sin duda, tras la comparecencia de fin de curso presidencial, los españoles debemos estar tranquilos porque la “lucecita” que siempre está encendida en la Moncloa “velando” por nuestros sueños, está bien y con ganas de acabar la legislatura, pero no por su interés sino por el de los españoles.