Pedro Summer: destino La Mareta
El presidente del Gobierno, Pedro Sanchez
España está ardiendo, tanto de manera física como metafórica. Entre montes, ministerios y determinados despachos hay más fuego que en la bragueta de unos cuantos políticos progresistas que llevan el feminismo bordado en la solapa, mientras confunden los locales de lucecitas con centros de interpretación del Ministerio de Igualdad. Pero no pasa nada: nuestro señor presidente ha decidido hacer lo que haría cualquier responsable: pirarse de vacaciones y que les den a todos los españoles, incluso a sus propios votantes…
Y no a Benidorm ni al típico pueblo donde sus ascendientes puedan tener una pequeña casita, como la de tantos españoles, sino a La Mareta, que para eso ser presidente le permite disfrutar de semejante privilegio. Porque, claro, bastante sacrificio supone sobrevivir un año entero entre el Falcon, La Moncloa y el Congreso de los Diputados. Al pobre, hasta uno de los mechones de la cabeza, de tanto trabajar por España, se le ha vuelto blanco.
Hay quien se gana la vida descargando sacos de toda índole en Mercamadrid o Mercabilbao, con la espalda como única herramienta de trabajo y el esfuerzo como compañero diario, y quien pasa horas sentado en un escaño que, seguramente, hasta tenga aire acondicionado. Mientras que unos llegan a casa con las manos marcadas por el trabajo, otros lo hacen con la satisfacción de haber participado en interminables debates sobre los problemas de la gente desde la comodidad de una butaca.
No, no podemos ser crueles con el bueno de Su Sanchidad. Lo suyo es una vida saturadísima, repleta de trabajo y sacrificios. Imaginad, por un momento, españoles de bien, lo duro que debe de ser soportar ruedas de prensa sin preguntas, asesores que responden a todo con un “sí, bwana” con el fin de conservar su cargo y ministros que se envalentonan a través de Twitter. Todo eso desgasta y encabrona a cualquiera a partes iguales. ¡No seáis fachas ni poco empáticos con su ilustrísima!
Además, el pobrecito del señor presidente del Gobierno tampoco atraviesa su mejor periodo… y no me refiero precisamente al de la regla. La actualidad judicial parece haberse empeñado en organizarle unas reuniones familiares que podrían resultar más incómodas que cualquier cena de Nochebuena en la que varios cuñados no se soportan. Entre el caso de su hermano, ‘el Chirimoyas’, las polémicas que rodean a su esposa, la hija de Sabiniano, y los sobresaltos políticos de cada semana, digo yo que cualquiera acabaría, como poco, solicitando una excedencia.
No obstante, lo realmente fascinante de todo este asunto es la velocidad con la que cambia el discurso oficial. Ya sabéis: Sánchez y los suyos no mienten; simplemente cambian de opinión. Si un juez investiga algo relacionado con el Gobierno, la justicia pasa a ser “facha”, “ultrafacha” y hasta “máster facha”. En cambio, si una sentencia dictada por un juez perjudica a la oposición, entonces ese mismo sistema judicial está haciendo correctamente su trabajo y demostrando su compromiso con el Estado de derecho.
Mientras tanto, el país debate sobre los incendios con la misma profundidad con la que se comentan los penaltis —o la ausencia de ellos— en el bar de El Churrasco, donde mi amigo Gervasio Cruziale se zampa sus pinchitos de tortilla variados, que engordan su buche al mismo tiempo que perjudican su conciencia. Todo se reduce al cambio climático y, si no piensas como ellos, eres automáticamente un facha negacionista de Todos los Santos. Fin del partido. Has perdido. Porque resulta mucho más cómodo construir un relato atiborrado de medias verdades que reconocer que los montes están repletos de maleza, cuando limpiar el bosque requiere más papeleo que pedir una puñetera hipoteca.
Y luego están los pirómanos, esos grandes olvidados del debate y de los informativos televisivos. Supongo que el fuego se originará solito en la mayoría de los casos, en lugar de que existan energúmenos que, consciente o inconscientemente, se dediquen a provocarlo. Pero de ellos se habla poco; es más cómodo discutir desde un plató con aire acondicionado, estableciendo el relato climático apocalíptico que bastantes defienden con fervor, activa o pasivamente, por intereses variopintos y no por convicción supina.
Para concluir, solo me queda esperar que este artículo haya sido de vuestro agrado, en el que el humor ha servido como hilo conductor para abordar la situación que atraviesa nuestro país. Mi intención no ha sido otra que arrancaros una sonrisa sin dejar de lado la realidad que tenemos delante: una España en la que, fruto de una clase política incapaz de gestionar con eficacia, solicitar un permiso puede llegar a tardar más que ver crecer un pino, entre otras muchas paradojas. Pero no os preocupéis, queridos lectores de EsDiario: Pedrito regresará de La Mareta moreno, descansado y con la maleta cargada de nuevos maquiavelismos para seguir dejando el país hecho un solar.