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Marruecos ensaya la anexión de Ceuta y Melilla

Varios militares dan apoyo a efectivos de la Policía Nacional en Ceuta

Varios militares dan apoyo a efectivos de la Policía Nacional en CeutaEuropa Press

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En los últimos meses hemos podido observar como la Unión Europea (UE) ha endurecido sus políticas contra la inmigración ilegal, para así frenar en la medida de lo posible la continua llegada ilegal de personas procedentes fundamentalmente de África. Por su parte España, por obra y gracia del Gobierno de Pedro Sánchez, obviando los importantes problemas derivados de los flujos migratorios incontrolados, ha decidido continuar con una políticas absolutamente permisivas con el fenómeno de la inmigración ilegal, las cuales básicamente se caracterizan por unos controles fronterizos absolutamente ineficaces debido a la escasez de efectivos policiales, un escaso cumplimiento de la Ley de Extranjería en lo que a la expulsión de inmigrantes en situación irregular se refiere y el desarrollo periódico de procesos de regularización con la consiguiente distorsión de la fisionomía y la fragmentación de la sociedad española, el aumento del gasto social y la inseguridad ciudadana y el denominado “efecto llamada”.

Con el objetivo de paliar dicha divergencia operativa y frenar la llegada de inmigrantes ilegales a las costas españolas la UE ha ofrecido en repetidas ocasiones su colaboración al Gobierno español, fundamentalmente a través de la Agencia Europea de la Guardia de Fronteras y Costas (Frontex), algo a lo que P. Sánchez se ha negado en rotundo, probablemente temeroso de importunar al Rey de Marruecos, Mohamed VI, a pesar de que a lo largo de su presidencia han entrado irregularmente en España cerca de un millón de personas según datos oficiosos.

En cualquier caso, para valorar en su justa medida la magnitud del fenómeno migratorio que padece España -en buena medida por la instrumentalización del fenómeno migratorio por parte de la monarquía alauita y la pusilanimidad del Gobierno español a la hora de afrontar el problema- nada mejor que recurrir al relato de los hechos acontecidos en estos últimos años de Gobierno socialcomunista.

Hecho 1: Tras la acogida en mayo de 2021 al líder del frente Polisario, Brahim Gali, en un hospital de Logroño, el Gobierno marroquí provocó una gran crisis migratoria en la ciudad de Ceuta. Así en apenas 24 horas, ante la pasividad de la policía marroquí y la falta de agentes y capacidad operativa de la policía española, llegaron a la playa del Tarajal procedentes de Marruecos alrededor de 12.000 personas, de las cuales al menos 1.500 eran menores de edad. 

Para evitar que la situación se volviera a repetir, la respuesta del Gobierno español no se hizo esperar, de tal forma que, en un acto de despreciable sumisión a los interese marroquíes, el Gobierno de P. Sánchez cambió radicalmente la posición que secularmente había tenido España en relación al Sáhara Occidental

Así olvidando los lazos históricos y sentimentales que unen a ambos pueblos, P. Sánchez, de forma unilateral y sin discusión parlamentaria, retiró su apoyo a la celebración de un referéndum para que los saharauis decidieran su destino y pasó a apoyar, con su habitual falta de escrúpulos, que el Sáhara Occidental fuera una comunidad autónoma bajo soberanía marroquí, tal y como deseaba Mohamed VI para tener acceso a una de las mayores reservas de fosfatos del mundo, a uno de los bancos de pesca más productivos de África y al potencial desarrollo de energías renovables.

Hecho 2: El 8 de julio de 2026 el Tribunal Supremo (TS) dictaminó que no se pueden realizar devoluciones en caliente cuando los inmigrantes lleguen a nado a España por no existir barreras físicas que obstaculicen su tránsito. De esta forma se abría la puerta a posibles llegadas a nado desde la playa de Castillejo (Marruecos) a la playa del Tarajal (España) bordeando el espigón que las separa. Ante tan evidente amenaza a la seguridad nacional P. Sánchez, cumpliendo a rajatabla su inalterable costumbre de no atajar los problemas antes de que estallen, no se planteó en ningún momento colocar algún tipo de barrera física a continuación del espigón del Tarajal ni aumentar la dotación de policías y guardias civiles en la frontera sur española para dificultar en la medida de lo posible la llegada de inmigrantes procedentes de Marruecos.

Hecho 3: El 27 de julio de 2026 comenzó a circular en las redes sociales un llamamiento a la población marroquí para que cruzara a nado hasta España, ante la prohibición del TS de que pudieran ser detenidos y devueltos en caliente. Obviamente el CNI informó al Gobierno español de la situación, señalando que se podía producir una auténtica avalancha de inmigrantes procedentes de Marruecos, algo a lo que el Ejecutivo socialista hizo oídos sordos, protagonizando así una nueva dejación de responsabilidades. 

Finalmente, como era previsible, entre el 30 y el 31 de julio, ante la pasividad de la policía marroquí y la obligada falta de operatividad de la policía española por orden gubernamental, llegaron a Ceuta alrededor de 72.000 personas, sembrando el terror entre la población ceutí como consecuencia de los actos vandálicos, los saqueos de supermercados y las múltiples agresiones sexuales que estos “angelitos magrebíes y subsaharianos” llevaron a cabo. 

Cierto es que si bien en los siguientes días se produjo la devolución de buena parte de los recién llegados, a día de hoy todavía permanecen en Ceuta entre 6.000 y 10.000 inmigrantes, de los cuales al menos 1.500 son menores de edad.

Conclusión 1: El Gobierno marroquí, presidido por un déspota como Mohamed VI, lleva más tiempo del debido demostrando el absoluto desprecio que siente hacia la soberanía nacional española, al utilizar permanentemente los flujos migratorios hacia la península como moneda de cambio para obtener todo tipo de beneficios. 

Sin embargo, más allá de la obtención de beneficios concretos y teniendo en cuenta la injustificada intención de la monarquía alauita de anexionarse Ceuta y Melilla, la descomunal avalancha de inmigrantes llegada a las costas ceutíes en las postrimerías del pasado mes de julio solo puede entenderse como un ensayo para preparar el camino de la definitiva invasión de ambas ciudades autónomas, la cual habrá de acaecer en un tiempo no muy lejano si en el corto plazo no hay un cambio de Gobierno en España que conlleve la expulsión de P. Sánchez del Palacio de la Moncloa.

Conclusión 2: El Gobierno español dirigido por un autócrata como P. Sánchez ha dado muestras de una debilidad extrema ante la monarquía alauita, al no oponer ningún tipo de resistencia a la llegada de inmigrantes a la playa del Tarajal, permitiendo de esta forma la invasión de Ceuta, con el corolario de sufrimiento y dolor de una sociedad que se vio sometida al salvajismo de un auténtico ejército de bárbaros venidos de África.

A su vez, el Gobierno sanchista también ha demostrado una ineficacia alarmante, no solo por ser incapaz de expulsar a la totalidad de los inmigrantes recién llegados, sino también por desarrollar una gestión caótica de la invasión ceutí, como evidencia el hecho de que nuestro patético ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, haya tenido el cuajo de denigrar al Centro Nacional de Inteligencia (CNI) al afirmar que el Gobierno no había sido convenientemente informado de la avalancha migratoria por los servicios de inteligencia española, algo que ha desmentido rotundamente la ministra de Defensa, Margarita Robles, poniéndose así de manifiesto el caos que reina dentro del Ejecutivo español. 

Por último, el Gobierno socialcomunista, al negarse a repatriar a los menores de edad llegados a Ceuta, tal y como establecen los acuerdos migratorios con Marruecos, se ha convertido en un “Gobierno secuestrador de niños”, que además pretende implicar a las Comunidades Autónomas en la solución del problema que supone la acogida y mantenimiento de los mismos, algo a lo que ya se han negado el PP, Vox, el PNV y Junts, generándose así una crisis absolutamente innecesaria y sumamente costosa para el erario público con independencia de su resolución final.

Conclusión 3: Capítulo aparte merece la actuación de P. Sánchez a lo largo de la crisis migratoria, ya que todos sus actos han puesto de manifiesto, esta vez con una intensidad descomunal, que nos hallamos anta un psicópata de la talla de Calígula o Nerón, por poner dos ejemplos paradigmáticos de tal condición.

Así, este trastornado psíquico no solo se ha negado a ponerse en contacto con el presidente ceutí, Juan Jesús Vivas, algo inconcebible teniendo en cuenta la enorme magnitud del problema generado por la avalancha migratoria, sino que, a su vez, ha tenido la indecencia de irse de vacaciones a la Residencia Real de la Mareta en Lanzarote, dejándonos a los españoles como único mensaje en las redes sociales su lista de canciones favoritas.

Todo ello, en definitiva, viene a justificar que a este degenerado individuo que tenemos por presidente le dediquemos a coro esa bella canción que ha triunfado en todos los rincones de la geografía española y que lleva por título “Me gusta la fruta”.

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